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Modelo de Hospital
Interdisciplinario Psicoasistencial - Reconversión
Prof. Dr. Miguel Angel Materazzi.
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Un modelo de contrainstitución:
"La Abadía de Théleme"
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“...Verdaderamente
- replicó el monje - y donde hay muros
hay murallas, enuidia y conspiración mútua.”
Rebelais, Gargantúa
“Faltaba solo que recompensar al monje, y Gargantúa quiso hacerlo
abad de Sevilla, pero se rehusó; porque como el decía:- ¿Podría
yo gobernar a otro cuando yo mismo no sabría gobernarme? Si os
parece que os he hecho algún servicio y que en adelante podré
haceroslo, autorizadme, para fundar una abadía a mi gusto.
-Primeramente -decía Gargantúa- no hará falta fortificar la abadía
ni circundarla de murallas como están las otras
-Verdaderamente -replicó el monje- y donde hay muros hay murallas,
envidia y conspiración mútua.
Se dispuso que así como en ciertos conventos es costumbre cuando
entra alguna mujer, es decir, las honestas y púdicas, limpiar los
sitios por donde
aquellas hubieran pasado, si religioso o religiosa entraron por caso
fortuito, se limpiaran religiosamente todos los lugares que hubieran
atravesado. Puesto que en todas
las religiones del mundo está todo acompasado, limitado y
regulado por horas, se decretó que allí no habría relojes ni
cuadrantes de ninguna clase,
sino que las labores serían distribuidas según las oportunidades y
ocasiones, porque, como decía Gargantúa, la mayor pérdida de
tiempo está en contar las horas, pues de ello no viene ningún
bien, y la mayor desazón del mundo está en gobernarse al son de
una campana y no por los dictados del entendimiento y del buen
sentido.
a.- Puesto que en aquel tiempo no entraban en religión más mujeres
que aquellas que se encontraban tuertas, borrachas, gibosas, feas,
contrahechas, locas, insensatas, tocadas de maleficios y enviciadas,
ni más hombres que los asmáticos, mal nacidos, inútiles y
vagabundos, se dispuso que allí no se recibiría sino a las
hermosas, bien nacidas y bien formadas y a los hermosos, bien
formados y bien nacidos.
b.- A propósito- dijo el monje- ¿Una mujer que no es buena ni es
bella, para qué vale?
-Para monja -repuso Gargantúa
-Y para hacer camisas
c.- Como en los conventos de mujeres no entran hombres más
engartosa y clandestinamente, se decretó que allí no habría
mujeres en el caso que no hubiera hombres, ni hombres sino había
mujeres.
d.- Puesto que tanto unas como otros, una vez profesos después del
año del noviciado, estaban forzados y compelidos a permanecer allí
toda su vida, se dispuso que entraran y salieran libremente cuando
les pareciera oportuno.
e.- Como ordinariamente hacen tres
votos, de obediencia, pobreza y castidad, se acordó que allí
pudieran casarse honorablemente, que todos y cada uno pudieran ser
ricos y viviesen en completa libertad.
En cuanto a la edad de ingreso para las hembras, había de ser de
diez a quince años y para los varones, de doce a diez y ocho.
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Algunas consideraciones |
Diremos
que en la abadía de Théleme marca un punto de articulación entre
una institución religiosa e institución educativa en una sociedad
monárquica y eclesiástica postfeudal. Donde la Iglesia fue uno de
los principales códigos para los condicionamientos institucionales.
En
primer término, esta institución es un espacio singular. Es el
lugar clausurado, marcado, un lugar dividido en el espacio y tiempos
sociales. Un lugar donde las modalidades de ingreso (de pertenencia)
y de egreso (de exclusión) está firmemente codificadas dentro de
un sistema simbólico, donde se reconoce una voluntad de regulación.
Lo que queremos subrayar es que además del convento se evoca con la
abadía de Théleme, otro tipo de institución cuya matriz es el
convento: las instituciones hospitalarias.
La
idea de reflexionar sobre el modelo de “contrainstitución” que
propone Rabelais es para pensar las modalidades alternativas
institucionales que propone el hospital psiquiátrico, como un
intento de acotar este aspecto de “totalidad”.
Formularemos hipotéticamente que los modelos de abordaje no
convencionales que han confrontado y puesto en cuestión a la
institución y al paradigma de la Psiquiatría Clásica, produce a
veces una reacción, que más que romper con lo clásico establecido
vuelve a generar un nuevo modelo institucional con nuevas
determinaciones de las fuerzas instituyentes que la componen.
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Análisis de los principios de la Abadía de
Théleme |
El
primero de los principios de la institución pone directamente el
acento en la clausura institucional de los conventos: “Ninguna
muralla rodeará a Théleme”. Esto alude a la “separación”,
como una característica de la institución. No sólo de esta hacia
afuera, de los muros, sino de las anomalías de comunicación dentro
de la institución.
El
segundo principio indica una transgresión más fuerte que consiste
en suprimir la clausura. Es decir permite la entrada de mujeres y
que se aplique a los religiosos que pudieran penetrar en la Abadía
el ritual de purificación
que ciertos conventos aplicaban a los visitantes.
El
tercer principio es la condena de todo reglamento, criticado
la utilización del tiempo dividido en campanadas: “...la
mayor desazón del mundo está en gobernarse
al son de una campana y no por los dictados del entendimiento y
del buen sentido”. Las instituciones en general con la división
de las actividades, separan el sistema de la institución del
sistema total de la sociedad.
El
cuarto principio retoma el tema del cuerpo y de la mujer y la relación
de ésta en los conventos de la época. Fray Jean quiere que Théleme
seleccione hermosas mujeres y bellos jóvenes.
El
quinto principio plantea nuevamente el carácter mixto de la abadía,
no presentado como una
opción, sino como una regla o contrarregla: “...Se decretó que
allí no habría mujeres en el caso de que no hubiera hombres ni
hombres si no había mujeres.” El argumento psicológico es que la
prohibición de comunicarse instaura sólo encuentros
clandestinos. E
l
sexto principio profundiza la crítica de las modalidades para
ingresar en la
institución y salir de ella.
El
séptimo principio: Fray Jean instituye los contravotos, o la
ausencia de votos al entrar en la institución. Como hemos observado
el modelo que Rabelais plantea en la Abadía de Théleme, en oposición
al modelo del convento de la época, produce una “contrainstitución”,
que si bien rechaza la división instituida por las instituciones
habituales, establece en cambio una nueva división con nuevas
fronteras entre categorías y criterios sociales.
Volviendo
al tema del “hospital psiquiátrico” considerado como una
institución “total”, no sólo se encuentra separada de las
normas sociales del afuera, sino también existe una ruptura de los
canales de comunicación dentro de la institución. Existen fuerzas
opositoras internas que no llegan a producir cambios importantes en
el funcionamiento hospitalario, porque en realidad producen una
”contrainstitución”, es decir un nuevo modelo pero con características
utópicas (en el sentido de un plan o proyecto novedoso pero
irrealizable), que por muy loable y humano que parezca, está
fundamentado por oposición a lo instituido, e impregnado de su
negatividad.
Tal
vez se debería pensar, en el significado particular de la institución,
esto se refiere al acto de instituir, de fundar, que dio origen al
“hospital psiquiátrico”. Reflexionar sobre el sentido de
“fundación” por el cual se instituyen las modalidades características
del funcionamiento de un hospital psiquiátrico.
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La
Fundación de la Institución: JOSÉ T. BORDA |
“Una
aproximación histórica”, para localizar los aspectos sociales en
que fueron fundados los Hospitales Psiquiátricos, especialmente
el José T. Borda”. Trataremos de articular el momento histórico-social
con el “acto de fundación”, y fundamentarlo teóricamente. Como
ya citamos, al caer la tiranía (1852) muchas instituciones se
volvieron a organizar como en 1823 (Rivadavia). La necesidad de la
Fundación de los hospitales psiquiátricos , respondió en aquel
tiempo, a una obra de Beneficencia Pública”. Inspirados por el
mismo deseo: “la filantropía”, se encuentran dos entidades de
la época: “La sociedad de Beneficencia”, y “La Sociedad
Filantrópica” y en un patriótico y abnegado gesto fundan en
1854, de una parte de la finca “La Convalescencia”, la casa para
“dementes”. Tomando el hecho particular de la “fundación”
del actual Hospital José T. Borda, nos remitimos a Hauriou, autor
con el que coincidimos respecto de su definición de institución:”...Tanto
en el derecho, como en la historia, las instituciones representan la
categoría de la duración, de la continuidad y de lo real, la
operación de fundarlas constituye el fundamento jurídico de la
sociedad.”
No
vamos a detenernos en un exámen exhaustivo de esta
definición sino que vamos a rescatar su posición respecto
de la “operación de fundación” de las instituciones y la
necesidad de un “fundamento jurídico” Posteriormente dirá:
“...Por otra parte, entre los miembros del grupo social interesado
en la realización de esa idea (institución), se producen
manifestaciones de comunión dirigidas por los órganos de poder y
reguladas por
procedimientos.” Tomaremos de la segunda definición, la idea de
un “grupo social interesado en su realización” y la de
“manifestaciones de comunión dirigidas por los órganos de poder
y reguladas por procedimientos”, con estos planteamientos
reintroduce la idea del derecho (Ira. definición) dentro del
proceso social. La “comunión”, como dirá Hauriou, o dicho de
otra manera el “consenso”, no es el motor de la
institucionalización, la fuerza social instituyente. El consenso se
produce después que los “órganos de poder” ya han realizado el
concepto de institución dentro de la sociedad.
Volviendo
a la historia de la fundación
de los hospitales psiquiátricos: recordemos que la idea de
la obra (institución) estaba presente en la sociedad “. Después
de la desaparición de la tiranía, Buenos Aires presenció el patriótico
y abnegado empeño con que gran número de ciudadanos concurrían a
sostener los establecimientos de “Beneficencia Pública” Es
posterior a este movimiento social producido por la caída de la
tiranía (1852) que se produce en la sociedad de Buenos Aires el
consenso o la “comunión”, como lo llama Hauriou, necesarios que
determinó la “fundación” de un hospital especial para hombres
y mujeres “dementes”. Los fundadores fueron los “agentes del
poder”: “La Sociedad Filantrópica” y “La Sociedad de
Beneficencia”. Si bien
la idea de mejorar las condiciones de los “alienados” se
esbozaba en la sociedad, no había posibilidades de una institución
hospitalaria sin la instancia “instituyente”, que se legitima
por la existencia de consenso o “comunión”. Es así que se
habilita “La Convalescencia” para establecer un lugar
para los “dementes”. (1854) Esto genera una discusión en
el Senado de la Provincia,
donde se decide que estos establecimientos serán subsidiados por el
Estado.
El
acuerdo parlamentario autoriza la reconstrucción de una “Casa de
locos” en los terrenos de “La Convalescencia” el 11 de octubre
de 1863 se inaugura el “Hospital Buenaventura”. De estas
instancias jurídicas, Hauriou señala, que tanto en el
campo de la política, como en el derecho y la administración,
la “colaboración del medio”, la participación en la gestión
lejos de ser un derecho otorgado por la “benevolencia del
legislador”, es la “condición esencial del funcionamiento
normal de la institución”. Se comprende mejor lo que significa la
noción de fundación
que venimos trabajando, se trata de un “acto instituyente”
porque formaliza mediante la gestión, la modalidad de
funcionamiento institucional. Volviendo al problema histórico
decimos que la “idea” de proporcionar un lugar mejor para los
enfermos mentales es una “actitud benéfica”, “un acto de
caridad” que se “institucionaliza” como un “acto de
Beneficencia Pública”, con la creación del Hospital Buenaventura
allí donde funcionaba la “Casa de Locos”. (desde lo jurídico)
Decimos que la fundación exige el consenso de los órganos de
poder: el acto instituyente es siempre un acto colectivo que
formaliza una “idea” (en este caso de beneficencia, filantrópica)
de las necesidades sociales de la época histórica (la caída de la
tiranía). La idea de institución se formula en la sociedad con
anterioridad al consenso de los órganos de poder. Lo que produce el
“acto instituyente” mediante la “fundación” es la
fundamentación desde lo jurídico, es una idea de la sociedad
surgida en un momento histórico determinado. “Las manifestaciones
de comunión” (o consenso) introducen al concepto de institución
de Hauriou, la función de la
“subjetividad”. “La fundación es una operación subjetiva”
-dice Hauriou- y agrega es una crisis de comunión de voluntades
fundadora, en cuyo transcurso, la “idea” de la obra pasa al
estado subjetivo de los adherentes.
La
personalidad moral de
la institución nace duramente una crisis subjetiva”. La fundación
del Hospital José T. Borda tuvo las características de una
“operación subjetiva”, porque instauró como modalidad
institucional el consenso de las entidades fundadoras en realizar
una “obra de beneficencia”, para socavar el daño producido por
la tiranía. Bajo la realización de esta obra de “Beneficencia Pública”,
que se concretó con la creación de un lugar para “enfermos
mentales” Subyace la idea de “personalidad moral” del hospital
psiquiátrico. Donde se subjetivizan una idea humanitaria y
caritativa y una actitud filantrópica, conceptualizando ambas la
ideología de la institución hospitalaria. Decimos entonces, que el
hospital Borda, como institución respondió a la idea subjetiva de
quienes la fundaron y esto formó parte de la ideología que reguló
sus procedimientos. En la actualidad, pensamos que persiste en la
estructura hospitalaria, esta idea arcaica que dio origen a su
fundación. Observable en los funcionamientos constitucionales y en
la población hospitalaria que en su mayoría, tiene cantidad de años
de internación. Esto indica que los pacientes toman al hospital
como una “casa”, como un lugar donde vivir. En algunos servicios
esto es lo único que la institución puede ofrecer.
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