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El disentimiento, la desigualdad o la
diferencia que algunas veces puede observarse en los diagnósticos
psiquiátricos, expresados en las pericias judiciales solicitadas
por camaristas, jueces, defensores y fiscales pueden deberse en
ocasiones a lo que denominamos pseudodiscrepancias. Estas surgen, en
su gran mayoría por la utilización de vocablos distintos para
delimitar un mismo cuadro clínico y en otros casos por hallarse el
paciente en momentos evolutivos diferentes de un mismo cuadro.
Con el objetivo de aclarar estas
falsas discrepancias mencionaremos algunos conceptos que nos
permitirán allanar esta dificultad y así evitar malos entendidos.
La psiquiatría como rama de la
medicina, se define como la disciplina que estudia las alteraciones
psíquicas, mentales o de la conducta desde el punto de vista de su
etiología, su patogenia y su terapéutica.
El objeto de estudio
de la psiquiatría es el enfermo psíquico y sus alteraciones
mentales, es decir su conducta psicopatológica. Las teorías que
tratan de explicitar los componentes observables de la conducta, son
de categoría explicativa, mientras que los que conciernen a los
procesos inferibles, aquellos que no se pueden observar, son de
categoría interpretativa.
Esto constituye un
salto epistemológico, por una parte lo observable y la
dilucidación de los mecanismos que lo determinan, es posible
captarlo a través del método de las ciencias naturales, el método
científico natural, basado en la observación y la explicación.
Los procesos inferibles, el sentido, el propósito, la
intencionalidad o la significación de la conducta, en cambio,
pueden ser aprehendidos por las denominadas ciencias humanas,
basadas en la observación y la interpretación, cuyas hipótesis
hermenéuticas no son unívocas, pues el contexto sobre el que se
sustenta es axiomático y está determinado por supuestos teóricos.
La conducta
psicopatológica, desequilibrio, o trastorno psíquico al que se
hace referencia, se define como tal cuando puede provocar en los
pacientes, según Alonso.Fernández:(modificado)
1) La pérdida de
libertad frente a sí mismo.
2) La aparición de
estructuras psíquicas cuantitativas o cualitativamente distintas
de las registradas en los sujetos sanos.
3) El desgarramiento
o ruptura psicológica del desarrollo biográfico.
4) El descenso del
bienestar y/o el desajuste social.
La interacción de
las esferas biológica, psicológica y sociocultural configuran el
desarrollo de la personalidad, la alteración en alguna de éstas
dimensiones puede provocar el surgimiento de trastornos en la salud
mental, es decir la presencia de síntomas que se manifestaran en el
psiquismo, en el cuerpo y repercutirán en el área social.
Los trastornos
psíquicos son conceptualizados por la Asociación Americana de
Psiquiatría como el
síndrome o perfil conductual o psicológico con relevancia clínica
que se observa en un sujeto y se asocia con un problema actual que
provoca aflicción o invalidez (deterioro de una o más áreas de
actividad importantes) o incremento significativo del riesgo de
muerte, dolor, incapacidad o pérdida de la independencia.
La Organización
Mundial de la Salud reconoce que el vocablo Trastorno no es
muy preciso y lo usa para señalar la presencia de un
comportamiento o de un grupo de síntomas identificables en la
práctica clínica, que en la mayoría de los casos se acompañan de
malestar o interfieren con la actividad del individuo.
Aclara que las disfunciones o conflictos sociales no son trastornos
por si mismo en ausencia de trastornos individuales.
El trastorno
psíquico es manifestación de una disfunción conductual,
biológica o psicológica del sujeto, independientemente de cual sea
su etiología.
Cuando la alteración
se encuentra limitada a un conflicto entre el sujeto y la sociedad
se hablará de desviación social y esto no implica un trastorno
psíquico.
Los trastornos
psíquicos se manifiestan a través de síntomas y signos que
configuran las principales categorías de los fenómenos clínicos.
Los síntomas son los fenómenos que el paciente revela y no siempre
son observables por el profesional, son de carácter subjetivo. Los
signos, también denominados síntomas objetivos, son las
alteraciones conductuales, anatómicas o fisiológicas manifestadas
exteriormente y registradas por el profesional. Los límites entre
ambos no son precisos y hoy existe la tendencia hablar sólo de
síntomas.
Hablamos de síntomas
cuando, desde el punto de vista cuantitativo, las manifestaciones
son continuas y sobrepasan los límites de la variabilidad normal.
Estas alteraciones se expresaran por exceso o déficit de la
amplitud, duración, frecuencia e intensidad de las funciones
fisiológicas, percepciones, emociones, pensamientos y/o actividades
motoras.
Desde el punto de
vista cualitativo aparecerán fenómenos nuevos a nivel de las
ideas, las percepciones y los afectos, muchos de los cuales están
supeditados a las variaciones del contexto sociocultural.
Los signos y
síntomas de los trastornos psíquicos pueden evaluarse a través
del examen psiquiátrico cuya etapa fundamental la constituye la
entrevista psiquiátrica.
La conducta
psicopatológica se conoce a través de la evaluación y
comprensión exhaustiva del contexto sintomático.
La naturaleza y la
forma de expresión de los síntomas y signos, dependerá de la
estructura de la personalidad y de los mecanismos defensivos de que
ésta disponga para enfrentar y resolver las problemáticas que le
plantea la vida.
La dificultad estriba
en que la psiquiatría basa su diagnóstico en experiencias o
fenómenos de índole subjetiva, esta subjetividad será tanto desde
la perspectiva del entrevistado como del entrevistador, y
determinará que los síntomas psiquiátricos sean menos confiables
que los datos cuantificables.
Al conjunto de
signos, síntomas y modificaciones morfológicas, funcionales o
bioquímicas del organismo, que parecen estar relacionados, se lo
denomina síndrome
Los grandes
síndromes psiquiátricos que surgen como reacciones de la
personalidad ante diferentes estímulos nocivos son:
El Síndrome
ansioso o de angustia, que se caracteriza por la presencia
de ansiedad. Esta es una señal de alarma, con sensación
subjetiva de temor o aprensión, o bien un sentimiento de
catástrofe inminente, inseguridad, incertidumbre y desasosiego. Se
acompaña de una respuesta vegetativa, neurohumoral, que se expresa
por una hiperactividad del sistema nervioso autónomo.
Se encuentran en la
ansiedad, componentes psicológicos y somáticos. Dentro de estos
podemos destacar algunos tales como: aprensión, disnea, inquietud,
irritabilidad, mareo, náuseas, nudo en la garganta, opresión
precordial, palpitaciones, parestesias, sudoración, taquicardia,
temblores, tensión, urgencia urinaria y vértigo, entre otros.
Suele presentarse
como episodios breves, que aparecen súbitamente, y que alcanzan en
pocos minutos una gran intensidad, desapareciendo en media o una
hora y que surgen espontáneamente o ante situaciones conflictivas.
Cuando la ansiedad alcanza tal intensidad que lleva al individuo a
una desorganización de su yo con pérdida de control e invadido por
el miedo a enloquecer y/o morir, estamos en presencia de lo que
actualmente denominamos: ataque de pánico. La despersonalización,
la desorientación y la desrealización son frecuentes, así como
las conductas de fuga, ataque o inhibición.
.El
Síndrome de excitación psicomotriz
se caracteriza por la presencia de agitación o aceleración de las
funciones psíquicas y de la motricidad, que puede tener diversos
grados de intensidad. En casos extremos los movimientos tempestuosos
no tienen freno, e invaden toda la escena del cuadro clínico,
éstos corresponden a la dimensión psicótica, sin control y sin
contacto con la realidad; en el otro extremo nos encontraremos con
las manifestaciones de orden neurótico, más atenuadas y con
conciencia de su estado.
En algunos casos de
excitación pueden sobrevenir conductas violentas, condicionando
peligrosidad, sin embargo debemos aclarar que la excitación no es
sinónimo de violencia.
Un paciente puede
estar agitado sin llegar a ser violento. Según T. Jove y J. Winner,
la violencia tiene tres características: brusquedad, agresividad
y destructividad.
El Síndrome
depresivo se caracteriza
por presentar como síntomas fundamentales: un particular estado de
ánimo, descripto por algunos autores como tristeza vital, siendo
éste el síntoma cardinal al que acompañan una marcada
disminución o pérdida del interés, inhibición o agitación
motriz, trastornos del peso corporal, insomnio o hipersomnia,
autodesvalorización, pesimismo, sentimiento de desesperanza e
ideación de temática depresiva (pensamientos suicidas, ideas de
culpa, autorreproches e hipocondría). Los síntomas principales
suelen presentarse acompañados por trastornos vegetativos.
(disminución de las secreciones, sequedad de boca, constipación).
El Síndrome maníaco:
se caracteriza por la presencia de los siguientes síntomas:
euforia, fuga de ideas y agitación psicomotora. El pensamiento es
acelerado, versátil y superficial, su contenido mostrará ideas de
grandeza, megalómanas, eróticas y en ocasiones místicas. El
ánimo es alegre, exultante, con sentimientos de omnipotencia; por
momentos se puede tornar irascible y hasta agresivo. Suelen
presentar conductas de desinhibición, con desbordes éticos y
sexuales. El cuadro psíquico se acompaña de un componente
fisiológico, disminución de la necesidad de dormir, aumento del
apetito y de la ingesta de líquidos, sudoración, taquicardia,
aceleración de los ritmos metabólicos. El tiempo vivido es el
presente que arrasa con el pasado y el futuro, no se contacta con la
realidad y no posee conciencia de su situación.
Síndrome delirante
y/o alucinatorio: Se
trata de un síndrome clínico que puede ser producido por
distintas entidades, tales como manía, uso de drogas, episodio
esquizofrénico, factores de agresión encefálica (traumáticos,
infecciosos, vasculares, metabólicos, endocrinos, medicamentosos,
tumorales). Estas últimas causas, por lo general, se caracterizan
por presentar, combinado con este cuadro, un síndrome confusional.
El típico episodio
delirante agudo es el trastorno psicótico breve, también
denominado clásicamente boufée delirante o reacción paranoide.
Los síntomas
fundamentales son: alucinaciones, predominantemente visuales y
auditivas con un alto grado de sensorialidad e ideas delirantes, que
son polimorfas, a predominio de mecanismo interpretativo,
alucinatorio o intuitivo.
Acompañando a estos
síntomas, se puede observar: un marcado compromiso afectivo y una
total adhesión al delirio. El humor se adapta a las sucesivas
fluctuaciones de las oleadas delirantes, puede aparecer una
hipersensibilidad e hipervigilancia, reticencia y desconfianza
dentro de una actitud sobrevalorada.
Síndrome de
inhibición psicomotriz: Este
cuadro se encuentra caracterizado por el marcado enlentecimiento
psíquico y motor. Puede estar determinado por diferentes
entidades psicopatológicas. Ya nos referimos a los cuadros
depresivos, en los cuales la máxima expresión de la inhibición es
la melancolía inhibida o estupor melancólico. Otras etiologías
posibles son: la esquizofrenia, en su forma catatónica., la
neurosis histérica, las catatonías de origen orgánico (tumorales,
encefalíticos, degenerativos, medicamentosos, como lo es el
síndrome neuroléptico maligno, entre otros).
Síndrome confusional
Se trata de cuadros en
los cuales el síntoma predominante es el trastorno de la conciencia
que se manifiesta por embotamiento intelectual, en lentecimiento de
las percepciones y de los procesos de orientación o de
identificación, pudiendo estar presente el onirismo de intensidad
variable. El episodio confusional se manifiesta por un disturbio en
la claridad, el orden y la coherencia del pensamiento.
La confusión es el
síntoma cardinal de los desórdenes orgánicos con sufrimiento
cerebral, aunque puede presentarse, también, en otras patologías,
tales como la esquizofrenia, los trastornos afectivos, y los de
etiología emocional como por ejemplo el stress post traumático
agudo en caso de catástrofes. Las causas más frecuentes son: la
tóxica exógena (alcohol y otras sustancias psicoactivas), la
tóxica endógena (trastornos metabólicos: diabetes, hipo o
hiperglucemia, hipercalcemia, porfiria aguda intermitente,
encefalopatía hepática; endocrinas: las crisis de hiper e
hipotiroidismo, síndrome de Cushing), las infecciosas, tumorales y
vasculares.
Síndrome demencial
se caracteriza por un déficit cognitivo, cuya gravedad no permite
adaptarse a las exigencias y vicisitudes de la vida social, laboral
y familiar. El deterioro psíquico es persistente en el tiempo
produciendo el debilitamiento de la capacidad de juicio de realidad,
y un menoscabo en la capacidad ejecutiva y en la abstracción.
Siempre se encuentra comprometido el encéfalo, la lesión puede ser
de origen externo o genético, debiéndose a distintas etiologías.
El deterioro, que afecta más de una función psíquica, es
crónico, progresivo e irreversible.
Síndrome de
insuficiencia mental: consiste en un menoscabo global de las
funciones psíquicas, fundamentalmente de la inteligencia. El origen
es congénito, o adquirido por enfermedades o lesiones cerebrales
acaecidas en la primera infancia. El funcionamiento intelectual
está por debajo del término medio y coexiste con deficiencias de
adaptación que se manifiestan durante el período de desarrollo.
Suele acompañarse de alteraciones en la conducta como la
hiperactividad, la evitación, la irritabilidad y la agresividad.
Existe una
disminución en la capacidad de abstracción y en la generalización
a partir de la experiencia. El pensamiento posee menor plasticidad y
creatividad.
Otra forma de
aproximarnos al estudio de los trastornos psíquicos es el enfoque
diacrónico, desde cuya perspectiva nos permitirá observar las
diversas formas de su curso evolutivo: ataques, fases, brotes,
procesos, desarrollos y reacciones:
Fase:
es una alteración psíquica que dura semanas o meses y luego
desaparece, restableciéndose el psiquismo a un estado semejante al
previo a la aparición de la fase.
Cuando las fases son
muy breves se denominan accesos o ataques y si ocurren a intervalos
regulares se llaman períodos. Se denomina ciclo al tiempo que va
desde el comienzo de una fase al comienzo de otra, e intervalo al
que media entre el final de una fase y el comienzo de otra.
Brote: es
una alteración psíquica aguda, a veces tumultuosa, que puede durar
semanas o meses, que deja una perturbación permanente de la
personalidad, que se denomina defecto.
Las fases y los
brotes suelen durar entre 3 y 6 meses.
Desarrollo anormal:
es un modo de respuesta a vivencias psíquicas únicas o repetidas
que dura meses o años, que origina cambios en la forma , pero no en
el fondo de la personalidad, al decir de Jaspers , tiene sentido y
es comprensible psicológicamente.
Reacción anormal: es
la respuesta a un estímulo vivencial que guarda vinculación
estrecha con la biografía del individuo y con su situación
contextual. Se caracteriza por ser de breve duración: horas, días
o un par de meses y una vez concluida no deja rastros.
Jaspers considera,
para hablar de reacción, los siguientes principios: El
estado reactivo no hubiese aparecido sin la vivencia causante; el
contenido de la reacción debe estar en relación comprensible con
la vivencia causante; y, finalmente, el estado reactivo es
dependiente, en su sucesión temporal, de la vivencia y sus
relaciones.
La reacción anormal
se aparta en amplitud, intensidad, duración y calidad de lo que
parece corriente y adecuado.
Proceso:
es el cambio psíquico totalmente nuevo de larga duración. El
proceso orgánico corresponde a las enfermedades cerebrales y se
acompañan de una debilitación psíquica, resultante de una
destrucción anatómica encefálica. El proceso psíquico no
necesariamente se acompaña de lesiones cerebrales y a diferencia
del desarrollo no es comprensible psicológicamente.
Defecto:
constituye una disminución duradera de las funciones psíquicas y
el descenso global de la personalidad, con cierta indemnidad de
algunas áreas intelectuales y que sobreviene luego de un episodio
psicótico o brote.
Deterioro:
constituye el debilitamiento global de las funciones psíquicas
(habilidades intelectuales según Wechler), producto de una causa
orgánica y que puede ser consecuencia de diferentes etiologías.
Para describir el
curso evolutivo de los trastornos psíquico hemos tomado como modelo
el de las psicosis esquizofrénicas y los trastornos bipolares.
El comienzo de la
esquizofrenia se caracteriza por la presencia de pródromos cuya
duración puede ser de meses a años. Estos se manifiestan por
marcado retraimiento social, conductas sociales distantes, emociones
aplanadas e ideas o pensamientos extravagantes. Luego de los
pródromos aparece el período de estado, donde predominan los
síntomas psicóticos, que permite hacer el diagnóstico. El estado
residual resultante sigue al cuadro florido de ideas delirantes y
alucinaciones, pareciéndose a la etapa prodrómica con
persistencia, algunas veces, de síntomas psicóticos de menor
intensidad. Los síntomas de la etapa activa pueden darse
episódicamente (crisis, exacerbaciones agudas), la frecuencia y la
duración de estas exacerbaciones es impredecible. Los síntomas
positivos, tales como: alucinaciones, ideas delirantes,
desorganización del pensamiento, conductas bizarras, predominan en
las etapas iniciales y en las etapas residuales aparecen los
denominados síntomas negativos: abulia, indiferencia, retraimiento
social, aplanamiento afectivo.
La mayoría de los
autores están de acuerdo en que la esquizofrenia presenta un mayor
defecto en tanto presente mayor cantidad de descompensaciones agudas
(brotes).
Donald W. Black y
Nancy C. Andreasen, psiquiatras americanos, mencionan en su trabajo
sobre Esquizofrenia, el seguimiento de pacientes a largo plazo
denominado Iowa 500, donde 186 pacientes que habían ingresado entre
1934 y1944 en los hospitales de la Universidad de Iowa fueron
seguidos hasta finales de la década de 1970 . El 20% delos
pacientes se mantuvieron libres de síntomas psiquiátricos durante
el seguimiento, mientras que el 54% presentó síntomas
incapacitantes; El 21% estaban casados o viudos, mientras que el 67%
nunca se había casado; el 34% vivía en su propia casa o con un
familiar y el 18% residía en instituciones psiquiátricas; el 35%
era laboralmente productivo, mientras que el 58% nunca había
trabajado.
En un nuevo análisis
de este estudio Winokur y Tsuang (1996), manifestaban que sólo
dos pacientes estaban libres de síntomas, considerando que los
pacientes pueden mejorar y estabilizarse, trabajar y vivir en forma
independiente, pero difícilmente estén libres de síntomas.
Por su naturaleza sindrómica, los signos y síntomas podrían
surgir en el trascurso de cualquier patología cerebral, desde
situaciones tóxico- ambientales hasta lesiones anatómicas
específicas.
En la mayoría de los
casos, se alcanza una relativa estabilidad del curso, en otros se
presentan fluctuaciones u ondulaciones francas, de la
sintomatología.
En un trabajo de
investigación de Carlos A. León denominado “Curso Clínico y
Evolución De La Esquizofrenia en Cali, un estudio de seguimiento de
diez años, pone de manifiesto que el curso clínico puede
clasificarse dentro de tres tipos genéricos: episódico, mixto y
continuo.
El Episódico
está caracterizado por la presencia de síntomas de psicosis, en
períodos de hasta seis meses de duración, seguidos por un retorno
al estado normal. Estos episodios pueden ser, únicos, ocasionales o
recurrentes.
El Mixto o
intermedio, se caracteriza por la presencia de síntomas
psicóticos durante períodos de más de seis meses, los cuales
pueden alternar con episodios de menor duración y pueden
evolucionar hacia la remisión, a la repetición de episodios o a la
desintegración. El Continuo presenta el trastorno psicótico
en forma persistente por períodos de más de dos años, con los
siguientes subtipos: fluctuante (con agravación o mejoría relativa
de los síntomas), estacionario (con un nivel de funcionamiento que
no llega a la desintegración psicótica total), constante severo
(progresión hacia el defecto).
La estabilidad de las
diversas formas clínicas de esquizofrenia a lo largo del tiempo es
muy baja, sólo la forma clínica paranoide exhibe un alto índice
de estabilidad. Como podemos observar el paciente presenta una
sintomatología muy diversa tanto desde el punto de vista del curso
como en su presentación clínica.
El Trastorno bipolar
es el cuadro típico dentro de los llamados Trastornos afectivos o
Trastornos del estado de ánimo, ya que presenta los dos tipos de
episodios característicos: manía y depresión. Los cuadros de
manía y melancolía (depresión), fueron reunidos en una entidad
clínica con la denominación de Psicosis Maníaco depresiva, por
Kraepelin, basándose en que tenían rasgos comunes, se presentaban
en fases, evolucionaban en forma cíclica, eran reversibles y
alteraba la afectividad. Incluía: las manías, las psicosis
periódicas y circulares y la mayoría de las depresiones. La
ordenación nosológica moderna de este grupo de trastornos las
dividió en unipolares y bipolares. Las primeras comprenden sólo
episodios de manía o depresión mientras los bipolares presentan
episodios de ambos tipos.
El primer episodio
suele presentarse en la segunda o tercera década de la vida, aunque
se han comunicado casos de inicio tardío, en la quinta década. La
duración media de un episodio maniaco es de 5 a 10 semanas y el de
un episodio depresivo es de 19 semanas. Los episodios bipolares
mixtos tienen una duración media de 36 semanas.
La sintomatología
que caracteriza el episodio depresivo es: tristeza vital, pérdida
del interés, abatimiento, pesimismo, sentimientos de fracaso,
quejas físicas, malestar general, alteraciones del apetito, del
sueño y de la libido, autodevaluación, sentimientos de
inferioridad y pérdida de la autoestima, sentimientos de culpa (autoacusación,
vergüenza o remordimiento), dificultad en la concentración y
pérdida de memoria . En los casos graves aparecen síntomas
psicóticos: éstos pueden hallarse relacionados con el contenido
depresivo del pensamiento y se denominan congruentes con el
estado de ánimo, tales como culpa, ruina, hipocondría y muerte
o suicidio; y los no relacionados o no congruentes con el estado
de ánimo, donde la temática será de perjuicio, de influencia,
de inserción del pensamiento, etc.
La sintomatología
del episodio maníaco está caracterizada por: estado de ánimo
eufórico, excitación psíquica con aceleración de los procesos
intelectuales, fuga de ideas, verborrea, distraibilidad con
perturbación de la atención y la concentración. Inquietud o
agitación motriz con participación en actividades placenteras o de
alto riesgo Hay una hipertimia expansiva con ansiedad y disforia,
euforia mórbida y labilidad emocional que puede conducir de la risa
a las lágrimas. Ideas cuasi delirantes o delirantes de temática
megalómana con proyectos faraónicos, de infalibilidad, de
descubrimientos científicos y eróticas o de reivindicación
A nivel somático
aparecen: insomnio sin sensación de fatiga, disminución del
apetito e hipersexualidad
La presencia de
recaídas y remisiones es frecuente, y la mayor parte de los
pacientes van a recaer si no siguen un tratamiento adecuado. Hoy
existe la tendencia a considerar el carácter crónico y recidivante
del trastorno, con deterioro socioambiental; a diferencia de los
estudios de los autores clásicos quienes destacaban la falta de
deterioro en estos pacientes.
Los trastornos
afectivos que mencionamos suelen encontrarse complicados por abuso
de sustancias, conflictos familiares, disfunciones cognitivas y
deterioro del funcionamiento sociolaboral.
En ambos trastornos
descriptos es posible observar la sintomatología cambiante y las
modificaciones del curso, en algunos casos en términos de horas
(como ejemplo paradigmático lo observamos en los trastornos
bipolares I, que luego de una noche de insomnio comienza un cuadro
de manía dramático).
En lo atinente al diagnóstico
sabemos que, diagnosticar es conocer y consiste en averiguar la
naturaleza, las cualidades y relaciones de un objeto, en otras
palabras clasificar al objeto, reconocerlo en su categoría de
pertenencia a una clase. Arribar a un diagnóstico es una necesidad
epistemológica y pragmática.
El diagnostico
en psiquiatría constituye un proceso en el cual se describe lo
sustancial de la condición del paciente. El mismo comprende la
organización de la información clínica de una manera coherente y
precisa, que permite una comunicación clara para la elección de
estrategias terapéuticas y la posible predicción del curso
clínico.
El proceso del diagnóstico se hace
en tres niveles:
a) El de los
síntomas y signos, que representan una anormalidad específica
discernible.
b) El del
conjunto de los síntomas y signos que, agrupados, constituyen
un síndrome, y que pueden formar parte de procesos diferentes.
c) El de las
entidades nosológicas, cuando existe la posibilidad de
encuadrar los síntomas dentro de un proceso patológico
específico, es decir conociendo su patogenia , sin necesidad de
conocer su causa (etiología).
Con el objeto de
aumentar la fiabilidad y validez de los diagnósticos la
Organización Mundial de la Salud ha realizado a través de un grupo
de expertos una revisión de la clasificación de los trastornos
mentales CIE10, quienes luego de 10 años de trabajo han incluido
definiciones por categorías con tres niveles específicos
diferentes. El primero es un glosario abreviado destinado a la
codificación, el segundo corresponde a las descripciones clínicas
y el tercero a los criterios diagnósticos específicos, de especial
interés para la investigación, con una mayor precisión y rigor en
las definiciones.
Los criterios
diagnósticos permiten una aproximación a la clínica
psiquiátrica, independiente de posiciones doctrinales, e incluso
sin implicaciones de procesos etiológicos, fisiopatológicos o
psicológicos que no estén comprobados de una forma
metodológicamente correcta.
Indudablemente con el
tiempo, algunos trastornos de actual etiología desconocida,
serán pasibles de contar con una causa específica, ya sea
biológica, consecuencia de hechos psicológicos o bien, cosa mucho
más probable, el resultado de una particular interrelación de
factores biológicos psicológicos y sociales
En las
clasificaciones modernas se marcan criterios con el fin de disminuir
la subjetividad y así evitar la influencia del contexto
sociocultural.
Hasta que los avances
científicos le permitan a la Psiquiatría disponer de pruebas
diagnósticas confiables para definir entidades nosológicas,
continuará construyendo y utilizando categorías diagnósticas. Las
alteraciones mentales podrán ser validadas en el futuro con los
aportes de la genética o las investigaciones psicodinámicas
A continuación
resumimos las 10 categorías diagnósticas que define la OMS:
1- Trastornos
mentales orgánicos y sintomáticos:
comprenden aquellos trastornos
agrupados por
tener en común una etiología demostrable, enfermedad o lesión
cerebrales u otra afección causante de disfunción cerebral.
Comprenden: las demencias (Alzheimer, vascular, Pick, Creutzfeld
Jacob, Huntington, Parkinson, HIV), Síndrome amnésico
orgánico, Delirium o síndrome psicoorgánico agudo, alucinosis
orgánica, Trastorno catatónico orgánico, Trastorno del humor
orgánico, Trastorno orgánico de la personalidad, Síndrome
postencefalítico y Síndrome postconmocional.
2- Trastornos
mentales y del comportamiento debidos al consumo de sustancias
psicotropas: estos se
clasifican de acuerdo a la sustancia involucrada y van desde la
intoxicación aguda al síndrome de dependencia y abstinencia;
comprende los trastornos psicóticos inducidos (alucinosis
alcohólica, celotipia y paranoia), Síndrome amnésico y
Trastornos de la personalidad inducidos por el consumo.
3- Esquizofrenia,
trastornos esquizotípicos y Trastornos de ideas delirantes:
La esquizofrenia es el cuadro más frecuente e importante de
este grupo, el trastorno esquizotípico tiene muchos de los
rasgos de los trastornos esquizofrénicos y es probable que
esté relacionado genéticamente con ellos. La mayoría de los
trastornos delirantes no están relacionados con la
esquizofrenia aunque puede ser difícil diferenciarlos en la
clínica, en especial en los estadios iniciales. Forman un grupo
heterogéneo y no bien diferenciado, por su duración pueden
distinguirse un grupo de trastornos psicóticos agudos y
transitorios.
4- Trastornos del
humor (afectivos): en
estos la alteración fundamental es a nivel del humor o la
afectividad, por lo general en el sentido de la depresión
(acompañada o no de ansiedad) o en el de la euforia. La
mayoría de estos trastornos tienden a ser recurrentes.
Comprende trastorno bipolar, episodios depresivos, episodios de
manía, ciclotimia y distimia.
5- Trastornos
neuróticos, secundarios a situaciones estresantes y
somatomorfos: Estos tres
trastornos se agrupan debido a su relación histórica con el
concepto de neurosis y porque muchos de ellos se relacionan con
motivos psicológicos. Comprenden los trastornos de ansiedad
fóbica, de pánico, obsesivo compulsivo, las reacciones a
estrés agudo, los trastornos de adaptación, los trastornos
postraumáticos, los disociativos, de personalidad múltiple y
los de somatización.
6- Trastornos del
comportamiento asociados a disfunciones fisiológicas y a
factores somáticos: se
agrupan dos síndromes importantes y claramente delimitados: la
anorexia nerviosa y la bulimia, el insomnio y la hipersomnia, el
sonambulismo, los terrores nocturnos y las disfunciones sexuales
no orgánicas.
7- Trastornos de
la personalidad y del comportamiento del adulto:
incluye las diversas alteraciones y modos de comportamiento que
tienen relevancia clínica por sí mismos, que tienden a ser
persistentes y son la expresión de un estilo de vida y de la
manera característica que el individuo tiene de relacionarse
consigo mismo y con los demás. Comprende los trastornos
específicos de la personalidad y las transformaciones
persistentes de la misma tras experiencias catastróficas o
enfermedad psiquiátrica; también se incluye en esta sección
el trastorno de los hábitos y el del control de los impulsos y
los trastornos de identidad e inclinación sexual.
8- Retraso
mental: está definido
por la presencia de un desarrollo mental incompleto o detenido,
caracterizado principalmente por el deterioro de las funciones
concretas de cada época del desarrollo y que contribuyen al
nivel global de la inteligencia, tales como las funciones
cognoscitivas, las del lenguaje, las motrices y la
socialización. Se lo clasifica como leve, moderado, grave o
profundo, de acuerdo al coeficiente intelectual.
9- Trastornos del
desarrollo psicológico:
tienen en común las siguientes características: comienzo en la
primera o segunda infancia, deterioro o retraso del desarrollo
de las funciones que están íntimamente relacionadas con la
maduración biológica del sistema nervioso central y un curso
estable. Comprenden: los trastornos específico del habla y del
lenguaje, afasia adquirida con epilepsia, trastornos
específicos del desarrollo del aprendizaje escolar, del
desarrollo psicomotor, trastornos generalizados del desarrollo
(autismo).
10- Trastornos
del comportamiento y de las emociones de comienzo habitual en la
infancia y la adolescencia:
comprende los trastornos hipercinéticos, los trastornos
disociales, trastornos de ansiedad de separación y fóbica;
trastornos del comportamiento social (mutismo, desinhibición),
trastornos de los tics, enuresis y encopresis no orgánica;
trastornos de la conducta alimentaria.
Los diferentes marcos
teóricos desde los cuales se expresa el diagnóstico, pueden
producir falsas discrepancias; al usar distintos vocablos o
términos para designar al mismo fenómeno, sea éste un síntoma,
una fase o un episodio, del trastorno psíquico.
Como ejemplo podemos
mencionar:
El Trastorno
orgánico de la personalidad, el cual puede ser denominado:
Síndrome del lóbulo frontal, Trastorno de la personalidad de la
epilepsia límbica, Síndrome postlobotomía, Personalidad orgánica
pseudopsicopática, Personalidad orgánica pseudo retrasada y Estado
postleucotomía refiriéndose en todos los casos a la misma entidad
patológica.
El término
Esquizofrenia catatónica que incluye: el Estupor catatónico,
Catalepsia esquizofrénica, Catatonía esquizofrénica, Flexibilidad
cérea esquizofrénica.
El Trastornos Bipolar
se denomina también: Trastorno maníaco-depresivo, Psicosis
maníaco-depresiva, Reacción maníaco-depresiva.
El concepto Distimia
incluye: El Trastorno de personalidad afectiva, la Personalidad
cicloide y la Personalidad ciclotímica, también existen varios
autores que incluyen este trastorno dentro de los trastornos
borderline.
El Trastorno Obsesivo
Compulsivo incluye, la Neurosis obsesivo compulsiva, la Neurosis
obsesiva y la Neurosis anancástica.
El trastorno
paranoide de la personalidad incluye, la Personalidad expansiva,
Personalidad paranoide, Personalidad sensitiva paranoide, la
Personalidad querulante, trastorno expansivo de la personalidad,
trastorno sensitivo paranoide de la personalidad.
El Trastorno
antisocial de la personalidad, incluye los trastornos asocial,
disocial y la llamada clásicamente personalidad psicopática,
amoral y sociopática.
Así mismo un
episodio psicótico se puede expresar como síndrome delirante,
reacción esquizofrénica, reacción psicótica, depresión
psicótica, excitación psicomotriz, delirio parafrénico, delirio
paranoide, episodio alucinatorio, entre otros.
Como podemos observar
existe un gran número de términos técnicos para expresar el mismo
concepto.
En los trastornos
esquizofrénicos tal como hemos descripto, pueden observarse
variaciones en la presentación: con síntomas diferentes que
determinaran formas clínicas variadas (las cuales a su vez se
denominan de distintas formas de acuerdo a las diferentes escuelas),
en la evolución: con remisiones parciales, estados con persistencia
de una sintomatología residual leve o cursos evolutivos
catastróficos con disolución de la personalidad; esto nos da una
idea de la heterogeneidad del proceso esquizofrénico, que puede
derivar en diagnósticos sindromáticos diferentes, de acuerdo al
momento evolutivo, pero pertenecientes al mismo trastorno.
En los trastornos
bipolares también se observan variaciones en la presentación de
las fases, cuadros depresivos que suceden a cuadros maníacos o
hipomaníacos, o fases depresivas seguidas de estados de aparente
normalidad psíquica, perteneciendo al mismo trastorno afectivo.
Una forma de entender estas pseudodiscrepancias
es clasificarlas de acuerdo a su génesis en:
1- semánticas
2- evolutivas
3- terapéuticas
4- contextuales
Las
pseudodiscrepancias de origen semántico se encuentran
determinadas por el marco teórico o la escuela a la que pertenezca
el profesional, la cual incide en el uso de la terminología. Las
diversas escuelas utilizan vocablos diferentes para designar al
mismo conjunto de síntomas
Las
pseudodiscrepancias de origen evolutivo se encuentran
delimitadas por la dimensión temporal: los cambios bruscos
(descompensaciones), las oscilaciones o fluctuaciones del cuadro
sintomatológico, las estabilizaciones y la aparición de deterioro,
que pueden darse en horas, días o semanas.
Las
pseudodiscrepancias de origen terapéutico, se observan
generalmente con el uso de psicofármacos, cuya efectividad ha sido
fehacientemente demostrada, al modificar, atenuando o haciendo
desaparecer los cuadros psicopatológicos ya sean de la dimensión
neurótica o de dimensión psicótica (mutación posterapéutica)
Las
pseudodiscrepancias de origen contextual se registran cuando
se modifican los marcos de pertenencia y de referencia, cuya
influencia provoca la aparición o supresión de los síntomas
psicopatológicos. (entrada y salida de instituciones carcelarias,
transculturalización).
Los profesionales
utilizan distintos términos técnicos para denominar el mismo
fenómeno, es decir que expresan o describen el cuadro clínico con
nombres diferentes.
Hoy la mayoría de
las manifestaciones psíquicas, los síntomas, se consideran
inespecíficos, con el agravante que muchas manifestaciones
psiquiatricas, tal como hemos descrito, son intermitentes
(vocablo que engloba la discontinuidad), el trastorno se interrumpe
o desaparece para más tarde repetirse.
Otro elemento a
destacar son las discrepancias y la fiabilidad del diagnóstico.
Este es un problema que se suscita con frecuencia al comparar los
resultados de diferentes estudios, en los cuales se observan
diferencias significativas en cuanto a las categorías nominales,
como es el diagnóstico y las ordinales, como la gravedad del cuadro
psicopatológico.
Spitzer y Fleiss
revisaron varios estudios de fiabilidad interjuicios, si bien en
estos se utilizaron categorías diagnósticas similares, el grado de
acuerdo alcanzó valores satisfactorios sólo en tres categorías:
deficiencia mental, síndrome cerebral orgánico y alcoholismo. En
psicosis y esquizofrenia sólo se alcanzó un acuerdo moderado; y en
el resto de las categorías fue escaso. Se debe destacar que en
estos estudios participaron profesionales con una formación y
preparación semejantes e incluso en algunos casos se intentó que
los diagnosticadores llegaran a algún acuerdo previo con respecto a
los principios de diagnóstico. Se realizaron estudios con el fin de
identificar las fuentes de desacuerdo y se identificaron causas
específicas de desacuerdo que se agruparon en tres grupos
principales de categorías:
1-inconsistencia por
parte del paciente:
diferencias en la información suministrada por el paciente y en el
momento evolutivo. Las respuestas de los pacientes a preguntas
directas a cerca de sus síntomas varían de acuerdo con la manera
de preguntar, sus sentimientos de confianza y seguridad, si
contestaron antes a esas preguntas, las pistas percibidas que
indicarían las respuestas deseadas y el agotamiento. Esta
categoría se va a encontrar marcadamente incrementada en la
situación pericial, donde lo aportado por el entrevistado estará
influido en mayor medida que en el área clínica asistencial. En
esta se observará con mucha mayor frecuencia la simulación, la
sobresimulación y la disimulación, según las circunstancias.
2-inconsistencia por
parte del diagnosticador:
influirán las diferentes técnicas de entrevista, la valoración de
los síntomas observados y relatados y la parcialidad del
entrevistador. Las inferencias clínicas precisas o no, se basan en
suposiciones, muchas veces inconscientes, comparaciones con otros
pacientes o recuerdos clínicos adecuados o distorsionados según
sus experiencias personales.
3-insuficiencia de la
nosología: los criterios
poco claros especificados por el sistema nosológico y en ocasiones
la ambigüedad de la nomenclatura.
De la tarea pericial
realizada en el Cuerpo Médico Forense, hemos tomado algunos casos
que pueden servir como ejemplos clínicos paradigmáticos, para
comprender con más claridad los conceptos teóricos vertidos acerca
de las discrepancias y pseudodiscrepancias.
Observación 1
H.E.E, varón de 31
años, argentino, soltero, comerciante.
Detenido por
amenazas, lesiones y resistencia a la autoridad.
El entrevistado
presenta un cuadro de excitación y confusión mental caracterizado
por expansión, locuacidad, gesticulación desordenada, desconfianza
y suspicacia, lucidez disminuida, incertidumbre de las percepciones
y de los recuerdos. Fallas marcadas en la etapa crítica del juicio,
ideas de perjuicio y de persecución, con tendencia a las ilusiones
y a las interpretaciones erróneas. Agresividad latente, proclive a
las impulsiones (personal de penitenciaría debe contenerlo). Con
disminución de su autonomía psíquica, no posee dominio sobre su
voluntad ni tiene conciencia de la gravedad de sus actos. Se
registra marcado aliento etílico.
Se diagnóstica como
Episodio psicótico. (también se lo podría diagnosticar como
Síndrome de Excitación Psicomotríz, Síndrome confusional,
Reacción psicótica, Embriaguez complicada, Intoxicación
alcohólica aguda)
Se indica su
internación en el Servicio de Observación y Evaluación del
Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José T. Borda, para su
estudio y tratamiento. Luego de las 48 hs, es nuevamente examinado
por el Médico Forense, quien lo observa lúcido, coherente, con
trastornos de la memoria, recuerda parcialmente los hechos
acaecidos, no puede comprender como actúo así con sus clientes. La
terapéutica instituida y el descanso suprimieron la sintomatología
psicopatológica. Los estudios de los antecedentes personales,
clínicos, neurológicos y los exámenes de laboratorio y
electoencefalográfico, permiten descartar un Trastorno psicótico
debido a enfermedad Clínica o Neurológica.
Diagnóstico
probable: Episodio psicótico por abuso de sustancias (alcohol y
drogas), remitido.
Observación 2
H.M.K., mujer de 42
años, argentina, casada, comerciante.
Causa: robo y estafa.
Se solicita su
evaluación por la causa descripta ya que debía presentarse en el
tribunal para declarar. Concurre con su letrado patrocinante, quien
adjunta certificado de atención psiquiátrica desde hace varios
meses.
En el momento del
examen se presenta lúcida, orientada, coherente, sin trastornos de
la sensopercepción, pensamiento organizado sin ideas patológicas,
leve exaltación anímica hacia el polo placentero a pesar de la
situación que atravesaba. Negaba los hechos de autos (sus amigas
habían denunciado sustracción de sus tarjetas de crédito y
utilización de las mismas para realizar múltiples compras, tales
como: una heladera, un lavarropas, un secaplatos, más de 100 C.D.,
ropa de todo tipo, las que solicitaba le fueran enviadas a su
domicilio).
Se realizaron varias
entrevistas con evaluación psicodiagnóstica en las cuales se
detectan elementos compatibles con trastorno de la personalidad:
impulsividad, egocentrismo, trastornos de la identidad, tendencias
distímicas, sin indicadores de psicosis.
De los antecedentes
de autos se destaca: declaración de algunos de los vendedores de
los lugares donde realizó las desmesuradas compras quienes la
describen como una persona exaltada, expansiva, acelerada y
sumamente simpática.
Eran llamativas las
características de la conducta desplegada en ocasión de los
hechos: exagerada, inconveniente, inadecuada y absurda, esto sería
un indicio de que actuó bajo los efectos de algún trastorno
psíquico.
Lo descripto, sumado
a los antecedentes personales aportados por los familiares, quienes
manifestaban la alternancia exageradas en el humor y en la actividad
tales como: atravesar por períodos de gran tristeza, falta de
interés, desgana, baja de peso, reclusión en su domicilio; con
otros de euforia, exaltación afectiva, fugas del hogar, actividad
exagerada e implicarse en situaciones de riesgo permite inferir el
diagnóstico de Trastorno Bipolar.
Debemos destacar que
en el momento de ser evaluada, tanto por su conducta como por sus
dichos (negaba los hechos, así como los antecedentes) no presentaba
signosintomatología que permitiera arribar al diagnóstico.
Estos pacientes
pueden ser diagnosticados según el momento evolutivo como:
depresivos, maníacos, hipomaníacos, trastornos de la personalidad,
síndrome distímico, distimia.
Observación 3
P.E.S. 39 años,
argentino, comerciante, soltero.
Hecho: Lesiones y
daño.
Es remitido a los 27
días de los sucesos de autos, para su evaluación a fin de
determinar el estado actual de sus facultades mentales y su
capacidad para comprender y/o dirigir sus acciones al momento del
hecho.
En la entrevista se
lo observa levemente ansioso en relación a la situación que debe
atravesar, orientado, lúcido, relata los hechos con claridad aunque
no logra el registro exacto en la cronología de los mismos.
Acompañando al relato se detecta una leve exaltación afectiva, la
cual no impide que realice una crítica adecuada. No presenta
ideación delirante ni alteraciones de la sensopercepción, sí
cierta tendencia a la suspicacia, pero que no lo aparta de la
normalidad. Informa que ha realizado tratamientos psiquiátricos
anteriores, en los que ha sido medicado con anticonvulsivos por su
impulsividad y trastornos del aprendizaje, Poco tiempo antes de los
hechos había perdido algunos clientes, se había separado de su
pareja, se habían reducido notablemente sus ingresos y se hallaba
más irritable y con trastornos en el sueño. Justifica, en parte la
situación aduciendo haber sido provocado por el otro conductor
quién según sus dichos lo habría “encerrado” en varias
oportunidades, “burlándose”. Luego de su detención fue
derivado a tratamiento, siendo medicado con psicofármacos y que
continúa a la fecha con buena respuesta.
De las declaraciones
de autos realizamos la siguiente síntesis: El imputado detiene su
vehículo delante de otro al que le impide continuar su marcha, baja
del mismo, se acerca e increpa al conductor. Posteriormente se
retira hacia su automóvil de donde toma un aerosol paralizante,
regresa al lugar encontrando el vehículo con los vidrios de la
ventanilla levantados, patea la puerta, rompe el vidrio con el pie y
arroja aerosol en los ojos del conductor, quien enceguecido sale del
auto y es golpeado nuevamente por el imputado. El personal policial
interviniente describe el cuadro de excitación que presentaba el
reprochado, quien es evaluado por médico legista y remitido a un
Hospital donde es medicado.
Se realizó
evaluación psicodiagnóstica y EEG sin alteraciones significativas.
Se concluye que se
trata de una persona portadora de un trastorno de la personalidad
proclive a las descompensaciones, favorecido por las circunstancias
vitales y ambientales que atravesaba, que condicionaron la
aparición de lo que denominamos psicosis reactiva breve, reacción
paranoide, episodio psicótico transitorio, episodio de excitación
psicomotriz, que respondió rápidamente a la medicación
instituida.
Observación 4
O.F.G., 67 años,
argentino, viudo, jubilado, cuidador en un garaje.
Hecho: homicidio
En la entrevista (a
las 48 hs. del hecho), se lo observa deprimido, hipolúcido,
parcialmente orientado, embargado por una gran conmoción afectiva,
recuerda parcialmente lo sucedido, presenta fallas en la memoria de
fijación y evocación, su pensamiento se encuentra lentificado a
tal punto que le impide responder a las preguntas que se le
realizan. Su atención se fatiga muy rápidamente y se dispersa.
Impresiona como un síndrome depresivo, que podría estar
acompañado del comienzo de un proceso demencial. Ante el cuadro que
presentaba se decide suspender la entrevista y realizar estudios
complementarios y nueva entrevista a los 20 días.
En la nueva
entrevista se presenta lúcido, orientado, coherente, eutímico,
manifestando que se había integrado al pabellón donde se
encontraba alojado, realizando tareas y manteniendo un buen trato
con los demás internos. Es de destacar que el imputado no tenía
familia, había enviudado dos meses antes del hecho, sus ingresos
apenas le alcanzaban para pagar el hotel donde vivía y los
alimentos, el arma había sido procurada para eliminarse. En esta
entrevista pudo relatar lo acontecido con precisión: encontrándose
en su trabajo, un individuo estaciona su camioneta bloqueando la
salida del garaje, ante la solicitud de retirar el vehículo de este
lugar, responde que es por poco tiempo y se retira dejándolo. Se
dirige al interior del garaje, toma el arma, espera el regreso del
conductor y le dispara.
Se concluye que se
trata de una persona que cursaba un estado depresivo, ante la muerte
de su único familiar y conmocionado por los sucesos acontecidos,
que modifica el cuadro psicopatológico depresivo ante su inclusión
en un medio que le brindó contención afectiva y seguridad. El
contexto produjo una mutación de su cuadro.
El hombre trata de
reducir las complejidades y fenómenos de la naturaleza a través de
su ordenamiento, clasificándolos, agrupándolos en clases y
categorías, siguiendo criterios convencionales, con la finalidad de
conocer y trasmitir esa información. Si existiera una
clasificación única y universal, todo sería más sencillo y
posiblemente no habría alteraciones en la comunicación como las
pseudodiscrepancias. Sin embargo, la realidad clínica de la
individualidad de los seres humanos y la pluralidad de escuelas
psiquiátricas nos indican el alejamiento del horizonte de la
univocidad. El intercambio fluido entre los representantes del
Derecho y la Medicina legal, nos puede permitir salvar estos
inconvenientes y así facilitar la labor e interpretación del campo
pericial.
Los diagnósticos en
Medicina y en particular en Psiquiatría distan de la certeza, se
acercan a las probabilidades y siendo el objeto de estudio la
conducta psicopatológica, más que en ningún otro conocimiento
humano, se hacen presentes los conceptos de B. Russell, cuando
expresaba que Todo
conocimiento humano es incierto, impreciso e incompleto.
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