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Comunidad Terapeutica en un Servicio General
Dr. Miguel J. Lopez Fouz (Jefe del Servicio 17) - Dr. Osvaldo C. Cassoli (Médico) - Dr. José M. Martinez Prieto (Psicólogo)

 


Hospital Nacional José T. Borda  Servicio N° 17

Año 1971

(*) Trabajo presentado en el Ateneo de la Asociación Médica del Hospital José T. Borda del día 25 
de Agosto de 1971.

Nuestra presencia aquí tiene como único objetivo transmitir una experiencia de comunidad terapéutica, en un servicio común del Hospital Borda.

Creemos que una de las finalidades principales de estas reuniones de ateneo es alejarse de lo académico, para enfocar o enfatizar primordialmente lo práctico. Es por ello que traemos una práctica, bien o mal llevada, pero nuestra al fin.

Considerando que existen distintos enfoques teóricos, funcionales y prácticos sobre comunidades terapéuticas, sabemos que alguien podría objetar que a esto que realizamos le llamemos de esta manera y sinceramente, no lo discutiríamos. Tal vez estemos lejos de la comunidad terapéutica, tal vez en camino de llegar o tal vez, yendo hacía otro lado. Pero en este momento, aclararlo no es nuestra intención sino como dijimos antes, solo comunicar nuestra experiencia en un servicio que, pensamos, tiene algunas particularidades positivas y negativas, que le dan cierta individualidad, cierta "personalidad”, sin pretender con ello ser originales.

Para hacer la descripción vamos a dividir la historia del servicio en dos períodos: el primero desde su 
creación en 1958 hasta el año 1969; el segundo desde esa fecha en adelante. El hito está dado, 
entonces, por la implantación de la practica de la asamblea comunitaria.

Respecto al primer período, que conformaría a nuestro criterio, los antecedentes de la comunidad, 
haremos una simple referencia de datos, que podrán parecer superficiales o domésticos, pero que 
consideramos tienen su importancia pues los creemos base y fundamento de lo actual.

El Servicio Nº 17 se formó en un pabellón muy antiguo, en mal estado de conservación, con una 
dotación de 80 internados: de éstos, 16 eran “ayudantes” y el resto enfermos con muchos años 
de internación, de aquellos que vivían en las ya desaparecidas "barracas". El personal estable lo 
integraban un médico y un enfermero.

Se comenzó a trabajar entonces con muy precarios elementos, tanto físicos como humanos. 
Los proyectos apuntaron en primer lugar, a mejorar las condiciones, ambientales. Se movilizó 
a los internados  para que realizaran tareas de limpieza, pintura y arreglos de albañilería. 
Luego se continuó con mejoras no tan básicamente necesarias, sino dirigidas a lograr un progresivo embellecimiento  y mejor confort. Así se fueron cambiando y pintando las camas, se colocaron 
cortinas, se agregaron  plantas, mesas, etc., para llegar al año 1968 con cocinas a gas, heladeras 
eléctricas en cada sala,  ventiladores, calefactores, radios y televisores, peceras, pájaros, juegos 
de ping-pong y meteqol, lavarropas, bandejas individuales, herramientas de todo tipo y música 
ambiental.

En razón de contar con una población de tales características y a los efectos de dinamizar el servicio, se habilitaron 10 camas en una habitación destinada hasta entonces como ropería y acondicionada a tal fin, sobrecargando así la capacidad del mismo. Esta era la única manera de incorporar algunos enfermos agudos que permitieran un mayor giro de camas.

En el año 1962 se incorporaron un médico honorario y un estudiante de psicología.

Ya por aquellos tiempos se vivía un clima especial: lo conformaba, aparte de las mejoras ambientales 
una serie de actitudes e interrelaciones, entre las que destacamos:

En primer lugar: respeto por el internado: siempre fue considerado éste como persona y se tuvo 
especial atención, dentro de lo posible, a su individualidad. Para ello, se le asesoraba sobre 
costumbres de la sala y se le explicaban las medidas terapéuticas a seguir, permitiéndosele 
conservar sus pertenencias.

Los profesionales, que asistían diariamente, convivían toda la mañana con los internados, tratándolos 
como seres humanos adultos, aceptando o buscando el diálogo espontáneo y evitando tuteos o 
bromas por parte del personal. Al mismo tiempo, se mantenía contacto frecuente y directo con los
familiares para intercambio de información.

En segundo lugar: intervención de internados en las tareas. Una de las características que fue 
adquiriendo el servicio consistió en la intervención cada vez mayor de los internados en tareas 
del servicio y fuera de él; es decir que prácticamente todos trabajaban, viéndose mucho movimiento 
y casi no existiendo situaciones de pasividad (enfermos en cama o aislados, en autismo)

Espontaneamente fueron apareciendo los líderes de sala y de sector en los que había que apoyarse, 
un poco por necesidad dada la falta de personal de enfermería y además, por el hecho de que cuando 
lo había, específicamente en los turnos de tarde y noche, éste no era siempre el mismo y cubría varios 
servicios como es costumbre en el establecimiento. Entonces la estabilidad, la continuidad del orden y el mantenimiento de la tónica del servicio, estaba en manos de estos líderes ayudantes espontáneos. 
Por ejemplo, en caso de peligro de suicidio o agresión por parte de un enfermo, los ayudantes recibían indicaciones del médico, con las debidas explicaciones del caso y eran ellos; los que arbitraban lo 
necesario para cuidar y asistir, en los turnos mencionados, al paciente. Lo mismo para controlar 
temperatura, alimentación y suministro de líquidos, cambios de ropas de cama, etc., en todos aquellos casos en que era indispensable atención especial e individual.

Por las mañanas los ayudantes comunicaban a los médicos y enfermeros las novedades, que siempre fueron escuchadas con interés y jamás subestimadas. Se dialogaba e intercambiaban ideas, valorizando la acción de cada uno y propendiendo en forma indirecta, al desarrollo de responsabilidades por parte de los internados.

En este clima de trabajo, era corriente que el internado nuevo, ya en los primeros días de su estadía 
en la sala y apenas esbozada su mejoría, solicitara tareas para realizar en correspondencia con los 
cuidados que había recibido en su período agudo. Insensiblemente, se pasó con la costumbre de 
compulsar a la gente a trabajar, a una colaboración espontánea en tareas comunes, como si ello 
fuera lo natural y lógico.

Recordamos como anecdótico, pero significativo del espíritu que reinaba, que el primer televisor 
se armó con accesorios solicitados en donación, pieza por pieza, a distintas casas de comercio. 
Cada una aportó algún elemento y así se hizo realidad la imagen.

Los familiares comenzaron a colaborar activamente, influenciados por este clima y se formó una 
cooperadora que reunía los fondos para solventar los gastos día a día acrecentados, en la medida en que aumentaban las actividades.

En tercer lugar: actividades especiales. Una terraza inaccesible fue habitáculo hace más de 10 años 
de un par de conejos. Esto fue el principio de una actividad que creció lentamente: de un cajón que 
sirvió de refugio a dos conejos en una terraza inútil, pasando por la construcción de primitivas 
conejeras de madera, se llegó a hacer accesibles dos grandes terrazas cercadas para evitar peligro 
y a contar con 90 modernas conejeras de hormigón armado, construidas totalmente por los internados. Esta actividad reditúa actualmente, carne para abastecer comidas periódicas de los mismos.

De igual manera, lenta y progresivamente, se desarrolló la cría de aves: primero en forma natural, 
luego con incubadoras y criadores cada vez más amplios, llegándose a construir varios gallineros 
que albergan hoy entre 500 y 800 animales, también utilizados para el consumo alimenticio.

Estas dos actividades, con todas sus derivaciones, fueron desarrolladas por los internados a través 
de los años con cariño, dedicación y orgullo. Junto con ellos nos vimos obligados a adquirir conocimientos técnicos para aplicarlos en las mismas, que sin duda alguna, sirvieron a muchos enfermos para desarrollar el sentido de responsabilidad, administración y orden, aparte del beneficio que aporta el contacto directo con la naturaleza y los animales,

Tal vez de menor envergadura, pero no de menor importancia, son las actividades relacionadas con 
la cría de pájaros y peces y siembra y cuidado de plantas.

Además de otros beneficios, todos estos elementos, dan colorido, calor y movimiento, haciendo que 
la sala sea vivida, no como el hospital, sino como la propia casa.

En cuarto lugar: las fiestas. Desde los primeros tiempos, se festejaron las fechas patrias, religiosas 
y de fin de año. Estas movilizan a toda la comunidad que desde varios días antes adorna las salas 
con distintos motivos, según la naturaleza del festejo. Se prepara una comida especial, con el concurso de los internados y del personal que siempre cuenta con un plato de conejo o pollo, producto del esfuerzo común. Una costumbre arraigada, en estas ocasiones, es que los internados se despreocupen durante el almuerzo y sean atendidos y servidos por los profesionales y enfermeros.

Hablamos de un clima especial y queremos aclarar que esto nos lo objetiva y recuerdan constantemente con sus comentarios, las personas que visitan el servicio.

El relato de todos estos hechos puede parecer pueril, pues actualmente se llevan a cabo en mayor o menor medida, en todos los servicios del hospital, pero para mejor ubicación de los oyentes debemos recordar que estamos hablando de hechos ocurridos hace alrededor de 10 años.

Con esta base se inició en el año 1967, una experiencia de dinámica grupal, motivada en el interés por la rehabilitación integral del internado.

La simple vecindad o mera yuxtaposición de individuos en el servicio, a veces desconocidos entre ellos, permitía el tomar conciencia de integrar cierta unidad. Esto ocurría por la existencia de vínculos, lazos y relaciones dinámicas de interacción, no siempre percibidos concientemente.

En esto último se basó la integración de grupos, que funcionaban semanalmente en sesiones con carácter abierto, es decir, con incorporación constante de nuevos miembros, egresos y abandonos por deserción.

El número de participantes variaba de 10 a 20 personas. Estaban integrados en unos casos, por pacientes y equipo técnico, y en otros por pacientes y terapeuta coordinador.

Los criterios de selección y los vínculos resultantes, estaban dados únicamente por el diagnóstico 
psiquiátrico: alcohólicos, esquizofrénicos, autistas, etc... No se tenía en cuenta la edad cronológica 
y mental, las características de personalidad, ni la de internado o ambulatorio.

El grupo de alcohólicos, siempre más numeroso y con mayor participación de miembros del equipo, 
fue el que mejor trasladó a la dinámica del servicio los elementos nacidos de la experiencia y del 
aprendizaje intragrupal, que a su vez fueron modelando una tradición peculiar conformada por los 
factores que recalcamos: coordinación rotativa, y su pasaje de directiva a no directiva, la desaparición 
paulatina de los roles que confería el status de la organización vertical del servicio, el desarrollo de responsabilidades, las decisiones por consenso, la libertad de asistencia, los pactos intragrupales, 
los planos de discusión en cuanto a la expresión espontánea de ideas y su clarificación y 
la manifestación sincera de sentimientos en un ambiente de confianza y cordialidad.

El segundo período comienza en abril de 1969, al realizarse la primer asamblea con los integrantes 
del servicio, que consideramos, fue un elemento de organización formal de nuestra comunidad.

A continuación haremos una síntesis de la evolución de las reuniones, por creer que en ellas se 
refleja la vida de la comunidad, respetando el orden cronológico con que se sucedieron los diversos acontecimientos, durante los dos últimos años.

Las primeras asambleas se desarrollaron en un clima de tensión, mucha lentitud, falta de manifestaciones de interés y pobre participación de los internados, resultando francamente tediosas. Al principio concurrían porque la citación tenía características de obligatoriedad, luego por simple inercia. 
Se incitaba constantemente a participar en forma activa, pero la respuesta era muy pobre. 
Los temas que recibieron mayor acogida y tratamiento, estaban relacionados con las necesidades 
primarias: comidas, algunos horarios, limpieza de salas, etc. Así surgió una dé las primeras pautas de ordenamiento: la creación de comisiones para llevar a cabo distinta tareas, asumiendo públicamente la responsabilidad de las mismas. Estas comisiones se constituyeron con personas que ya realizaban esos trabajos y con otras que eran digitadas por los miembros del equipo, pues no surgía la espontaneidad de ofrecimiento, tal vez por la novedad de esta manera de organizarse. Considerábamos oportuno, proponerlos nosotros, para así, distribuir liderazgos con más colorido democrático que los existentes. 
Los nuevos líderes paulatinamente y en la mayoría de los casos, fueron absorbiendo a los primitivos.

De esta forma, nace un elemento de la infraestructura de nuestra comunidad: las comisiones formadas por un encargado o responsable según los casos y ayudantes permanentes.

Desde que captamos que existía el temor de que ocupar un cargo o desempeñarse en forma eficiente 
podría ser motivo de postergación de permisos de salida o del alta, por su utilidad al servicio, se remarcó la necesidad de reemplazantes para estos cargos, evitando así las acefalías y la discontinuidad de las tareas.


Dr. Cassoli y Enfermera Aurora sirviendo a los internados y familiares

La primer actividad de la comunidad en vías de extensión, no relacionada con las necesidades 
mencionadas, fue la de invitar a internadas del Hospital Moyano, para participar en un almuerzo 
y baile. A pesar de las tratativas y promesas, las pacientes no concurrieron el día del festejo. 
Esto originó una gran frustración al grupo y motivó a tratar extensamente el hecho, logrando 
tomar conciencia de la necesidad de la experiencia, aunque esta sea aparentemente negativa. 
Conclusión, en adelante sería mejor no depender de elementos ajenos al servicio.

Inmediatamente nació la idea de organizar fiestas, contando con la presencia de familiares y amigos. 
Para prepararlas, se crearon las comisiones que tuvieron origen en emergentes del momento. 
Entre ellas recordamos: la de adorno de las salas, recepción de invitados, la de enseñanza de 
baile, en razón de que había pocos internados que sabían hacerlo, ofreciéndose otros 
espontaneamente para enseñarles en horarios pre-establecidos.

Surgen luego las comisiones de Biblioteca, de Entretenimientos o juegos de salón y también la 
de Fútbol, que organizaba esta importante actividad, con cuya práctica se lograron varios trofeos 
para el servicio. Ya funcionaba la de Limpieza de Salas, Limpieza de Vidrios, de Armado de 
Cigarrillos, de Duchas calientes, de Peceras y Pájaros, de Ropería y de Comedor. En la medida 
que aparecían necesidades, se iban formando comisiones nuevas. Así por ejemplo, por la aparición 
de una filtración de agua en un cielorraso, se creó la de Mantenimiento. La de Televisión se 
encargaba de poner en funcionamiento y apagar él aparato y de seleccionar los programas, 
previamente aprobados por mayoría en la asamblea, terminando así con las disputas diarias 
que traía consigo la elección del programa y horarios.

Ya en julio de 1969, dada la diversidad de actividades más o menos organizadas, surge la necesidad de información constante, poníéndose en práctica el uso de carteleras, en las que se publicaban 
todas las novedades, horarios de actividades, integración de comisiones, invitaciones y todo 
aquello que era de interés general.

En ese mismo mes, los internados en asamblea ponen su interés por primera vez, en un tema 
no relacionado con lo administrativo, como lo fue el viaje del hombre a la Luna.

Pasados cuatro meses, aproximadamente, se observaba lo que nos impresionó como un retroceso 
en la marcha de la comunidad: en las asambleas no había temas, faltaban iniciativas y habían disminuido considerablemente las intervenciones de los internados. Después de dos o tres reuniones con estas características, disgustados, reaccionamos, un tanto agresivamente, manifestando que al no demostrarse interés y no asumirse mas responsabilidades, el equipo retiraba su colaboración 
y amagando a su vez, con volver a los modelos anteriores: es decir, dirigir verticalmente y tomar 
decisiones en forma unilateral. A esta actitud sucedieron días de silencio y tensión. Nuestra situación 
era muy comprometida y no encontrábamos soluciones deseables. Pasadas dos semanas, los internados se reunieron en una asamblea organizada espontánea y exclusivamente por ellos y resolvieron nombrar una comisión para entrevistamos. Ofrecieron cambio de actitudes y nos invitaron a continuar acompañándolos.


Internados con el Dr. Martinez Prieto en el Servicio

Ya estábamos viviendo un cambio, pues este movimiento era evidencia de espíritu grupal y 
de cierta madurez.

Poco tiempo después, un internado lee espontaneamente una denuncia sobre los malos tratos de los “celadores”. Mediando un debate confuso y agitado, pues no se clarificaba contra quién iba dirigida la acusación, por la reticencia del denunciante, se decidió hacer una "votación secreta", con todas 
las garantías para que se vertiera la opinión real. Se improvisó un cuarto oscuro y en el mayor 
orden se votó, relajándose la tensión al comprobarse que solo se trataba de una cuestión personal 
con un internado ayudante de sala.

Esta experiencia abrió el camino para que se continuara tratando con naturalidad y poco temor, 
los problemas relacionados con el trato, incluso del personal, hacia los internados. La votación 
nominal, se adoptó como medio para decidir por consenso general. Y por este método, luego del 
aporte de propuestas, se eligieron: horarios de limpieza, programas y horarios de televisión, 
candidatos a cargos y todo aquello en lo que había discrepancias o varias postulaciones.

Ya a mediados de 1970 los profesionales eran poco o nada directivos en las asambleas, reflejo 
de la actitud adoptada frente a la comunidad. Insensíblemente fueron apareciendo larvados 
coordinadores. Desde setiembre en adelante, todas las reuniones de los sábados, fueron dirigidas
por un internado, creándose además el cargo de Secretario de Actas. También se confeccionaba una Orden del Día para la siguiente semana.

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