Julio Cortazar y el cuento de Circe

“Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue no aceptar las cosas como dadas. A mi no me bastaba que me dijeran que eso era una mesa o que la palabra ¨madre¨ era la palabra ¨madre¨ y ahí de acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mí un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y a veces me estrellaba”.

“En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas”.

 

René: El cuento Circe de Julio Cortázar comienza con dos protagonistas,
Delia Mañara y Mario. A Delia Mañara se le mueren dos novios, esto hace
que a ella se le sospecharan muchas cosas. Estas cosas son las que rondaban la cabeza de Mario (su nuevo amor) antes de irse a dormir.

Los vecinos hablan mal de Delia y esto pone mal a Mario.

Raúl: El autor relata a través de un personaje de ficción, la vida de Delia y sus dos novios muertos. Los vecinos de Almagro en Capital Federal, Argentina, comenzaron a tejer conjeturas acerca de ese triste episodio.

Cortázar, con una maestría singular, atrapa al lector con detalles de la vida social de Delia, sus vecinos, la muerte, el luto y lo pintoresco y placentero como dar un paseo por la playa o Circe de la mitología griega es comparada con Delia y esto da mucho que pensar mientras uno lee el cuento. Una obra maravillosa!

Pascual: El libro narra que el relator nombra a una protagonista de nombre Delia que era novia de varios de los que murieron siendo novios de ella. En mi manera de entender Delia era una mujer inteligente y escurridiza que los hacía llegar a la muerte. Fue uno de ellos que persiguió a la mujer Circe.

Odiseo estuvo explorando la isla y encontraron marineros muertos que no eran atacados por... Odiseo resolvió el problema: descubre la razón de la docilidad de los animales. En el corazón de la isla tenía un palacio. Allí los marineros eran seducidos, les servían vino, había mujeres y canciones. Solamente un hombre escapó de ahí siguiendo el informe siguiendo el informe de Odiseo. Pudo rescatar a este hombre con la ayuda de un dios griego que le dio un antídoto para que viviera. Este hombre pudo observar mujeres brujas en ese lugar. Algunos autores cuentan que escontraron dos niños muertos.

Ismael: Circe era hija de Elios. Uno fue a la isla de Circe y no volvió. Odiseo exploró la isla junto a servidores. Encontraron esqueletos de marineros que no fueron atacados. Odiseo resolvió el problema, enseñó a sus marineros cómo son los animales dóciles y encontró muchas brujas en ese lugar.

El autor relata la relación entre Mario y Delia. A ésta se le había muerto un novio por un síncope cardíaco y otro se había suicidado. Las malas lenguas del barrio decían que ella los había matado (como Circe). A Delia se le acercaban algunos animales como los gatos pero otros le escapaban, como los perros.


Esto es lo que los pacientes escribieron sobre la lectura de 3 carillas de Circe, siendo 13 el total las del cuento de Cortázar. Esto es lo que los representará en el artículo. No me gusta así, pero es la verdad. No me gusta tampoco y me duele decir que el Taller Literario ha dejado de funcionar.

Lo que surge es “¿por qué?”. En principio podría tomar una salida lógica, acomodaticia y verdadera: la crisis de una institución afecta a los pacientes. Pero... ¿qué pasa con Lidia Lafon que llegó a trabajar 19 horas por día para que el Taller no se quiebre? La respuesta es 25 años de actividad asistencial y la cantidad de grupos en la más infinita soledad.

Queda para transcribir el último artículo de Leonardo sobre el Ocultismo y armar la Pinacoteca con el material de 10 años de trabajo.

No sé si esto es definitivo pero la cifra de 25 años habla por sí misma y con respecto a las 19 horas diarias para salvar el Taller tampoco dieron resultado.

Recuerdo ahora las crisis sufridas cuando parecía que todo terminaba y al poco tiempo algo surgía. Fue aquello que dije sobre achicar la mesa y agrandarla luego. Siento adentro mío que esa mesa ya no está y al mismo tiempo recuerdo las últimas palabras de un paciente: “Nosotros estamos muy bien con usted, licenciada, pero ahora lo más importante es su salud”.

No sé si tengo que decirles adiós o pedirle a Dios que se haga su voluntad.

20 de marzo de 2001

Lidia Lafon