EL CISNE CANTA ANTES DE MORIR
Por Leonardo
Había una vez un bosque de dimensiones extensas. Estaba poblado de árboles cuyas especies eran distintas. En él vivían animales feísimos, fieras, aves, reptiles e insectos. Tenía abundante vegetación y sus llanos estaban cubiertos por pastizales. En el medio del lugar, existía un profundo lago de aguas cristalinas, cuyas vertientes se perdían en el horizonte.
Los animales peleaban entre sí, y su ley era, en ese sentido, la ley de la selva, la ley del más fuerte. Todo esto constituía un peligro para el hombre, razón por la cual, nadie se atrevía a entrar allí.
Un día, en medio de todo ello, nació un cisne. Sus padres murieron al poco tiempo y el pequeño vivió solo en el lago.
El no era una fiera, sino que su majestuosidad lo distinguía de los demás animales. Durante el día, nadaba y se alimentaba de peces. A la noche, dormía en la ribera.
Una mañana de sol y luz, las aguas se hicieron cristalinas y resplandecientes, asemejando un espejo. El cisne observó su imagen reflejada y comprendió que era un ave hermosa.
- ¡Qué belleza perfecta poseo! - se dijo.
Todas las mañanas cuando el sol reflejaba la luz sobre las serenas aguas del lago, el cisne contemplaba su propia imagen.
- ¡Qué bello soy! -decía
Tanto se observó en el espejo de agua, hasta que finalmente se enamoró de él mismo. Comparaba su belleza con la fealdad de los demás animales y de las fieras existentes en el bosque. Cuanto más feos le parecían los otros, más creía en su lozana belleza y más se enamoraba de su imagen.
Una vez, cuando estaba ante su espejo, se le apareció un Hada del bosque y le dijo:
- No temas, soy tu Hada Madrina. Dime... ¿te has enamorado de ti mismo?
- Sí, así es - respondió el ave.
- Pero tú eres sólo un simple y vulgar cisne - dijo el Hada.
- ¡Qué quieres decirme con eso! - contestó molesto.
- Quiero decir que tú no eres un hombre. El es mucho más perfecto y bello que tú.
- ¿Cómo has osado, siendo sólo un cisne, enamorarte de ti?
- ¡Vete! ¡Vete, maldita Hada! - dijo el cisne, y el Hada se fue.
El tiempo fue pasando y el mito de Narciso siguió verificándose. El cisne creció y se hizo aún más bello. Su plumaje brillaba a la luz del sol. En las noches de luna, cuando dormía en las orillas del lago, su imagen parecía dotada de un algo sobrenatural.
El cisne seguía contemplándose permanentemente. Una tarde, cuando nadaba, se encontró con una paloma en las orillas del lugar, quien le dijo:
- Sé que te amas a ti mismo.
- Soy perfectamente bello - respondió el cisne.
- ¿Por qué no me amas a mí? ¡Soy hermosa! Contempla mis alas y mi plumaje.
- Pero si tú eres una vulgar y sucia paloma. Sólo eso eres en el reino animal. En cambio, yo soy un verdadero cisne, elegido por los dioses y bello en demasía. Ante esa afirmación, la paloma se fue.
Continuó el tiempo con su lento e inexorable transcurrir. Los animales del bosque se enteraron de lo que el cisne pensaba. Les pareció un hecho extraño y curioso, y a la vez, filosófico. Fue así que un día todos se reunieron en asamblea y decidieron proclamarlo Rey del bosque.
Cuenta la leyenda que el cisne Rey, gobernó con mucha bondad y fue generoso con los que allí existían.
Pasó el tiempo y el Rey envejeció, hasta que se transformó en un cisne decrépito y desvencijado. Una mañana se contempló en el espejo de agua que reflejaba una luz purísima. Vio una imagen fea y por lo vieja, horrible. "El tiempo me ha vencido", pensó. El encantamiento de su amor a él mismo, terminó: era un ave vulgar.
- Soy un pobre cisne viejo - exclamó.
En esta situación, no halló sentido a su existencia y decidió morir. Un atardecer, se escuchó un canto hermoso, un canto con armonía y trinos perfectos. En el silencio infinito del bosque y ante la huída de la luz, el canto se oía cada vez más vibrante y más fuerte, hasta que, poco a poco, fue apagándose y cesó. El cisne había muerto... Se escuchó el ruido de vidrios rotos de un espejo.