EL CISNE CANTA ANTES DE MORIR
Por Leonardo
|
El Juicio Narra la historia que en cierto país fantástico, vivían hombres y mujeres que eran muy crueles. Hacían cosas malas y se entregaban a toda clase de vicios y placeres. Odiaban las obras del Bien y castigaban a sus hijos severamente. Peleaban entre ellos mismos y se golpeaban furiosamente. Pero, en medio de todos ellos, existía una joven que era muy buena, al revés de las características de esos hombres. Todos decían que ella simbolizaba la Virtud, y la miraban con extrañeza, a la vez de sentir recelo de las obras de esta joven. Así era en ese país de hombres malos que coexistían con la Virtud. Un día de cielos negros y tormentosos, todos los hombres del lugar se reunieron y se acercaron a ella con palos y látigos. Al verlos llegar exaltados, la joven Virtud les dijo: - ¿A qué venís enfurecidos aquí a verme? Un ogro feísimo llamado la Maldad le contestó: - ¡Tiembla y llora! Hemos venido a juzgarte en juicio público. Dicho esto los hombres rieron y dieron voces horribles, gritando con maledicencia. La Virtud lloraba y les dijo que ellos no tenían razón, que estaban locos, pues precisamente afirmó: - ¿Por qué queréis juzgarme, si yo soy la Virtud? No entendéis que debéis solamente imitarme y practicarme? Entonces el ogro, la Maldad, le contestó: - ¡Te juzgaremos, oh inocente Virtud! Así todos nosotros quedaremos en este pueblo libres de practicarte y así seremos felices. Los vicios y defectos, placeres y borracheras, nos harán a saber lo que es la Vida. ¡Tú nos estorbas! Luego, los malos hombres, armados, rodearon el lugar y dando voces, sentaron por la fuerza a la Virtud, en el banco de los acusados, gritándole: - ¡Juicio a ti! ¡Juicio! El ogro, la Maldad, fue el fiscal, y enseguida, inició su terrible acusación: - Se os acusa de ser Falsa Virtud y de hacer con tu práctica, infeliz al hombre. La joven fue su propio abogado y les dijo: - Yo enseño Bondad para que la practique el hombre, pues él sí entiende, y el animal no. Esta afirmación enfureció más a los ogros malos, que a voces gritaban exasperados: - ¡Juicio de muerte para la joven Virtud! El fiscal, la Maldad, miró fijamente a la Virtud, y como un viejo zorro y queriendo ser complaciente, le dijo: - Ya veis, mira lo que dicen, quieren juzgarte y matarte. Pero te ofrezco salvación, sólo si tú, Joven Virtud, también te corrompes y te transformas al vicio como nosotros. ¿Qué me respondes...? La Virtud pensó un momento y como conclusión afirmó: - No es mi esencia corromperme. El ogro replicó amenazante: -¿Ni aún si muriereis? - ¡No seré corrompida. Soy la Virtud! Entonces el juez, que era el más viejo y el más malo de todos los hombres de ese pueblo, leyó la sentencia: - Se condena a la joven Virtud a la pena de morir quemada en la hoguera. La Virtud lloraba. El fiscal se encargó que se cumpla la sentencia y así lo ordenó. Los hombres se alegraron, y dando gritos, comenzaron a hacer una hoguera muy grande. Ataron de pies y manos a la joven, prendieron el fuego y la hicieron morir quemada en la hoguera. Así murió la Virtud en la historia humana. Dice la leyenda que ello fue el origen de que a través de los tiempos, los hombres hayan vivido en el vicio y adictos al Mal.
|