EL CISNE CANTA ANTES DE MORIR
Por Leonardo
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El Mago Merlín Había una vez en la antigua China, un hombre muy pobre y desgraciado, que siempre tenia mala suerte. Vivía humildemente de su trabajo, pues era pescador. Su estatura era baja, tenía la cabeza grande y el defecto de una gran joroba en su espalda. Su casa pertenecía a un barrio pobre. No tenía amigos a causa de su mal carácter. Pensaba secretamente que la gente lo odiaba, pero no podía precisar bien la razón de ello. Era huraño. Llevaba vida de ermitaño, y su pobreza y desdicha le habían inducido a sentir odio hacia sus semejantes. Jonás era nervioso, muy nervioso, por causa de su continua mala suerte, ya que todo le salía mal. Un día que había pescado mucho, un grupo de ladrones, le arrebató su cargamento. Todos los días muy temprano, iba a pescar al mar. Para ganarse el sustento diario con su carga de peces, los cambiaba por dinero en la feria pública de China. Hacía muchos años que hacia lo mismo: se levantaba con el sol, cargaba sus redes en un pequeño carrito de dos ruedas a tracción humana, y se encaminaba a la ribera. Lanzaba sus redes en el mar y guardaba el producto. Concluído su trabajo, comerciaba su mercadería en la feria. Y al obtener su paga en dinero, volvía a su humilde vivienda por la noche. Un día, Jonás, llegó muy temprano a orillas del mar, y lanzó sus redes: no pescó nada. Al día siguiente hizo lo mismo, con igual resultado. Así pasaron las semanas, hasta que llegó el primer mes sin pesca. Sus finanzas estaban tornándose desastrosas y acudió a sus escasos ahorros para sobrevivir. Pasó el segundo mes en la misma situación. Estaba desesperado y llego a maldecir el día en que nació. Por aquellos tiempos, existía en China un mago muy famoso. Era Merlín, persona que se internó en los secretos ocultos de la magia. Era consultado por muchísimos chinos y se decía que conocía la fórmula para convertir el metal en oro. Cuenta la leyenda que el mago se sentaba en un almohadón y en pleno reino del silencio, practicaba su magia. Jonás creyó que tal persona podía ayudarlo, pues con sus poderes resolvería la causa de su ruina. Se comentaba a nivel popular que Merlín conocía el secreto del poder mágico, para convertir en realidad los deseos de los hombres. Esto llegó a oídos de Jonás, que atraído en este sentido lo consultó, para intentar resolver su serie de hechos desgraciados. Una tarde, cuando el sol se ocultaba, Jonás fue al palacio del mago. Lo encontró sentado sobre su almohadón. Merlín vio entrar un hombre pobre, desgarbado y con una joroba en su espalda. Jonás se sentó enfrente del mago, quien dijo: - Quiero saber por qué has venido a verme. - Porque estoy desesperado. Todo me sale mal. La desgracia me ha vencido... - Sabes que conozco el secreto de la magia para convertir en realidad los deseos del hombre? - preguntó Merlín. - Si! Si! Oh gran mago! Lo sé... - ¿Y cuál es el deseo que nunca pudiste realizar en esta vida y en este mundo? - ¿Puedo decírtelo en secreto? - Habla confiado que todo quedará entre ambos - respondió el mago. - Mi único y mayor deseo es ser un Rey, un monarca poderoso, un soberano de un gran estado que tenga mando sobre sus ejércitos y que reine ante sus súbditos con invencible poder... Pero ya veis, oh gran Merlín! En realidad soy sólo un pobre hombre desgraciado y desesperado. - ¿Y deseas ser un Rey poderoso? - Sí! Sí! Lo deseo tanto como la vida misma! - ¿Un Rey muy poderoso? - insistió el mago. - Sí, gran Merlín. ¡Os ruego y suplico que conviertas mi deseo en realidad! - Lo haré - afirmó Merlín - Tu deseo se hará realidad y serás un Rey muy poderoso. - ¡Gracias! ¡Gracias, gran Merlín! Qué debo hacer? - Harás esto: comerás carne de lobo durante nueve noches y a la décima, beberás este licor que yo mismo preparé... Con esto te convertirás en el Rey de China. - Gracias, Merlín. No tengo con qué pagaros, pero Dios te lo pagará. Concluída la consulta, Jonás se retiró. Estaba convencido que su deseo se convertiría en realidad, por obra de la magia de Merlín. Cumplió con los rituales mágicos. Comió carne de lobo durante nueve noches y a la décima bebió el licor. Seguidamente, entró en un profundo sueño y durmió dos días seguidos. Al despertar, se levantó trastornado y dijo: - ¡Soy el Rey de China! Tenía perdida la mirada. Su rostro era adusto y ceremonial. Salió a la calle y creyó ver una multitud aclamándolo, pero en realidad, sólo era una alucinación. - ¡Soy el Rey! ¡Soy el Rey! - gritaba mientras caminaba por las calles. Luego, entró a su casa y creyó ver a la servidumbre. Vio su trono en una silla destartalada y se sentó en ella, mientras decía: - Ahora soy el Rey y reinaré. Obedecedme! Lo que ocurrió, fue que se había vuelto loco. El Mago lo había engañado con sus poderes. Pero Jonás, en su locura, pudo cumplir su profundo deseo y fue feliz. El Cisne Canta Antes de Morir Había una vez un bosque de dimensiones extensas. Estaba poblado de árboles cuyas especies eran distintas. En él vivían animales feísimos, fieras, aves, reptiles e insectos. Tenía abundante vegetación y sus llanos estaban cubiertos por pastizales. En el medio del lugar, existía un profundo lago de aguas cristalinas, cuyas vertientes se perdían en el horizonte. Los animales peleaban entre sí, y su ley era, en ese sentido, la ley de la selva, la ley del más fuerte. Todo esto constituía un peligro para el hombre, razón por la cual, nadie se atrevía a entrar allí. Un día, en medio de todo ello, nació un cisne. Sus padres murieron al poco tiempo y el pequeño vivió solo en el lago. El no era una fiera, sino que su majestuosidad lo distinguía de los demás animales. Durante el día, nadaba y se alimentaba de peces. A la noche, dormía en la ribera. Una mañana de sol y luz, las aguas se hicieron cristalinas y resplandecientes, asemejando un espejo. El cisne observó su imagen reflejada y comprendió que era un ave hermosa. - ¡Qué belleza perfecta poseo! - se dijo. Todas las mañanas cuando el sol reflejaba la luz sobre las serenas aguas del lago, el cisne contemplaba su propia imagen. - ¡Qué bello soy! -decía Tanto se observó en el espejo de agua, hasta que finalmente se enamoró de él mismo. Comparaba su belleza con la fealdad de los demás animales y de las fieras existentes en el bosque. Cuanto más feos le parecían los otros, más creía en su lozana belleza y más se enamoraba de su imagen. Una vez, cuando estaba ante su espejo, se le apareció un Hada del bosque y le dijo: - No temas, soy tu Hada Madrina. Dime... ¿te has enamorado de ti mismo? - Sí, así es - respondió el ave. - Pero tú eres sólo un simple y vulgar cisne - dijo el Hada. - ¡Qué quieres decirme con eso! - contestó molesto. - Quiero decir que tú no eres un hombre. El es mucho más perfecto y bello que tú. - ¿Cómo has osado, siendo sólo un cisne, enamorarte de ti? - ¡Vete! ¡Vete, maldita Hada! - dijo el cisne, y el Hada se fue. El tiempo fue pasando y el mito de Narciso siguió verificándose. El cisne creció y se hizo aún más bello. Su plumaje brillaba a la luz del sol. En las noches de luna, cuando dormía en las orillas del lago, su imagen parecía dotada de un algo sobrenatural. El cisne seguía contemplándose permanentemente. Una tarde, cuando nadaba, se encontró con una paloma en las orillas del lugar, quien le dijo: - Sé que te amas a ti mismo. - Soy perfectamente bello - respondió el cisne. - ¿Por qué no me amas a mí? ¡Soy hermosa! Contempla mis alas y mi plumaje. - Pero si tú eres una vulgar y sucia paloma. Sólo eso eres en el reino animal. En cambio, yo soy un verdadero cisne, elegido por los dioses y bello en demasía. Ante esa afirmación, la paloma se fue. Continuó el tiempo con su lento e inexorable transcurrir. Los animales del bosque se enteraron de lo que el cisne pensaba. Les pareció un hecho extraño y curioso, y a la vez, filosófico. Fue así que un día todos se reunieron en asamblea y decidieron proclamarlo Rey del bosque. Cuenta la leyenda que el cisne Rey, gobernó con mucha bondad y fue generoso con los que allí existían. Pasó el tiempo y el Rey envejeció, hasta que se transformó en un cisne decrépito y desvencijado. Una mañana se contempló en el espejo de agua que reflejaba una luz purísima. Vio una imagen fea y por lo vieja, horrible. "El tiempo me ha vencido", pensó. El encantamiento de su amor a él mismo, terminó: era un ave vulgar. - Soy un pobre cisne viejo - exclamó. En esta situación, no halló sentido a su existencia y decidió morir. Un atardecer, se escuchó un canto hermoso, un canto con armonía y trinos perfectos. En el silencio infinito del bosque y ante la huída de la luz, el canto se oía cada vez más vibrante y más fuerte, hasta que, poco a poco, fue apagándose y cesó. El cisne había muerto... Se escuchó el ruido de vidrios rotos de un espejo.
El Juicio Narra la historia que en cierto país fantástico, vivían hombres y mujeres que eran muy crueles. Hacían cosas malas y se entregaban a toda clase de vicios y placeres. Odiaban las obras del Bien y castigaban a sus hijos severamente. Peleaban entre ellos mismos y se golpeaban furiosamente. Pero, en medio de todos ellos, existía una joven que era muy buena, al revés de las características de esos hombres. Todos decían que ella simbolizaba la Virtud, y la miraban con extrañeza, a la vez de sentir recelo de las obras de esta joven. Así era en ese país de hombres malos que coexistían con la Virtud. Un día de cielos negros y tormentosos, todos los hombres del lugar se reunieron y se acercaron a ella con palos y látigos. Al verlos llegar exaltados, la joven Virtud les dijo: - ¿A qué venís enfurecidos aquí a verme? Un ogro feísimo llamado la Maldad le contestó: - ¡Tiembla y llora! Hemos venido a juzgarte en juicio público. Dicho esto los hombres rieron y dieron voces horribles, gritando con maledicencia. La Virtud lloraba y les dijo que ellos no tenían razón, que estaban locos, pues precisamente afirmó: - ¿Por qué queréis juzgarme, si yo soy la Virtud? No entendéis que debéis solamente imitarme y practicarme? Entonces el ogro, la Maldad, le contestó: - ¡Te juzgaremos, oh inocente Virtud! Así todos nosotros quedaremos en este pueblo libres de practicarte y así seremos felices. Los vicios y defectos, placeres y borracheras, nos harán a saber lo que es la Vida. ¡Tú nos estorbas! Luego, los malos hombres, armados, rodearon el lugar y dando voces, sentaron por la fuerza a la Virtud, en el banco de los acusados, gritándole: - ¡Juicio a ti! ¡Juicio! El ogro, la Maldad, fue el fiscal, y enseguida, inició su terrible acusación: - Se os acusa de ser Falsa Virtud y de hacer con tu práctica, infeliz al hombre. La joven fue su propio abogado y les dijo: - Yo enseño Bondad para que la practique el hombre, pues él sí entiende, y el animal no. Esta afirmación enfureció más a los ogros malos, que a voces gritaban exasperados: - ¡Juicio de muerte para la joven Virtud! El fiscal, la Maldad, miró fijamente a la Virtud, y como un viejo zorro y queriendo ser complaciente, le dijo: - Ya veis, mira lo que dicen, quieren juzgarte y matarte. Pero te ofrezco salvación, sólo si tú, Joven Virtud, también te corrompes y te transformas al vicio como nosotros. ¿Qué me respondes...? La Virtud pensó un momento y como conclusión afirmó: - No es mi esencia corromperme. El ogro replicó amenazante: -¿Ni aún si muriereis? - ¡No seré corrompida. Soy la Virtud! Entonces el juez, que era el más viejo y el más malo de todos los hombres de ese pueblo, leyó la sentencia: - Se condena a la joven Virtud a la pena de morir quemada en la hoguera. La Virtud lloraba. El fiscal se encargó que se cumpla la sentencia y así lo ordenó. Los hombres se alegraron, y dando gritos, comenzaron a hacer una hoguera muy grande. Ataron de pies y manos a la joven, prendieron el fuego y la hicieron morir quemada en la hoguera. Así murió la Virtud en la historia humana. Dice la leyenda que ello fue el origen de que a través de los tiempos, los hombres hayan vivido en el vicio y adictos al Mal. |