EL CISNE CANTA ANTES DE MORIR

Por Leonardo

El Enamorado

Cierta vez, en un lejano caserío, vivía gente de buenos sentimientos. Era una comarca muy próspera y en sus límites tenía llanuras fértiles. En medio de la luz de esa atmósfera positiva estaba el joven Rubén, que pertenecía a una buena familia. Concurría a una escuela secundaria y escribía poesías. La madre decía que Ruben vivía de sueños e ilusiones, y era muy inteligente.

También habitante del mismo caserío era la joven Julieta. Ella amaba la armonía entre las cosas, por eso estudiaba bellas artes.

Ruben tenía dieciocho años y Julieta diecisiete. Los dos gozaban del aprecio de su familia y del respeto de la gente. Corresponde agregar que Julieta era muy bella.

Ruben y Julieta se conocieron en un baile de primavera. Bailaron toda la noche. Promediando la madrugada el joven le declaro su amor y la invito a salir. Julieta le respondió que lo iba a pensar.

Ambos volvieron a verse el sábado siguiente, en un baile que se realizaba en un lujoso salón. Después de estar con ella un largo rato, la tomo de la mano y dijo:

- ¿Qué me respondes...? Puedo ocupar el lugar de ser tu novio ?

- Sí - respondió ella.

Ruben la besó con pasión y comenzaron a bailar una música con acordes románticos. Al concluir la reunión la acompaño hasta el lugar donde vivía y quedaron en salir el jueves de la semana siguiente.

Llegado el día convenido, volvieron a salir. Caminaron por un parque ante los rayos de un sol de fiesta. Primero, tomados de la mano. Luego, abrazados. Concurrieron a una confitería, y dialogaron. Al anochecer, regresaron a sus casas.

Julieta y Ruben, vivieron dos años de felicidad saliendo de novios. Vivían en una armonía perfecta. Ruben se había enamorado y llego el tiempo en que salían todos los días e iban a casi todos lados.

Una tarde salieron como siempre. Caminaban abrazados por esas calles desiertas del mundo, hasta que llegaron a una plaza. El la miró dulcemente y dijo:

- Sentémonos aquí, amor...

Cuando todo el universo de ese pequeño barrio revelaba cierta paz que ocultaba un gran misterio, Ruben agregó:

- Julieta .. necesito que me des una prueba de tu amor.

Y ella le dio la prueba esa misma tarde, cuando la primavera florecía en capullos de rosas.

A partir de esa primera vez de ella, fueron marido y mujer por un largo tiempo. El, cada vez, la amaba más.

Vivieron su pasión, sin conocer más límite que la razón. ¿La Vida, no es acaso, la razón de todas las pasiones...?

Después de cuatro años de romance, las cosas comenzaron a cambiar. Empezó a no andar bien, la otrora feliz pareja. Se enojaban y peleaban de palabra.

Una tarde salieron y caminaron largo trecho sin hablarse... hasta que Julieta dijo:

- Tengo que decirte algo...

- ¿Qué tenés que decirme? - pregunto Ruben.

- Es que ya no quiero salir mas contigo...

El joven comprendió la situación. Se separaron en una noche repleta de oscuros nubarrones de tormenta.

Continúa diciendo la leyenda que Ruben, al verse abandonado, solo, y sin el amor de ella, fue a un monte y comenzó a llorar. Lloro tanto, pero tanto... que a causa de su llanto, murió de tristeza. Ese monte, testigo del dolor, fue llamado Monte del Enamorado.