EL CISNE CANTA ANTES DE MORIR
Por Leonardo
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Prólogo Conozco al autor de este libro, desde que entró al Servicio 9 del Hospital Borda. Hemos trabajado en grupos de terapia, y en un Taller de Libre Expresión, donde se dedicó básicamente, al dibujo y la pintura. Participó en dos videos y actualmente concurre al Taller Literario, lugar en donde escribió estos cuentos. A todo esto, sumó un gran interés por la computación, cosa que lo llevó no sólo a aprender, sino a colaborar en el armado de esta primera edición. Una mañana de julio... no sé cuál, me comunicó el título para su libro. No me gustó. Inclusive le dije que sonaba a plagio. Pero después lo pensé y me di cuenta que no se trataba de aquel pájaro que cantaba antes de morir, sino de otra historia: tal como en el cuento infantil, el tiempo de tristeza y soledad culmina, cuando la imagen de un hermoso cisne, se refleja en las aguas de un lago. En estos lugares de encierro y abandono, este cisne representa lo inesperado. Es el "nunca" y la "nada" que desaparecen milagrosamente, al menos en forma momentánea. Es, al fin y al cabo, un cuestionamiento sobre el amor y la esperanza. En esta obra, la vida, la muerte y la locura, son aceptadas como irremediables. Pero aún así, el cisne canta antes de morir: "En el silencio infinito del bosque y ante la huída de la luz, el canto se oía cada vez más vibrante y más fuerte, hasta que, poco a poco, fue apagándose y cesó. El cisne había muerto... Se escuchó el ruido de vidrios rotos de un espejo".
Prólogo del Autor El autor de este humilde libro de cuentos está internado desde hace nueve años en el Hospital Neuropsiquiátrico "José T. Borda". Escribí esta obra bajo tal condición de interno. No por esta circunstancia de la vida, dejé de pensar que es cierta la creencia en la inteligencia humana. La locura se manifestó en mí como una lucha contra ella. Lucha en la que resultó triunfante la recta razón, noble ideal de todos los tiempos, en los que el hombre creyó en su propio valor. En los años de mi internación psiquiátrica, mi individual lucha contra la locura, ha creído a veces caer en el naufragio del yo, pues la garra ciclópea del monstruo alienante, hundía en mí el revés de la razón. Entonces, el rostro del destino se dejaba entrever como una imagen cuyas sombras proyectaban mi dolor. El rigor de la realidad del encierro me hizo meditar sobre la libertad, y en esa búsqueda hallé, logrando el esclarecimiento, el preciado bien de la libertad interior del alma, única libertad válida en relación con el crecimiento espiritual del hombre. Otra realidad que ocupó mi pensamiento en el Hospicio, fue la reflexión sobre la vida: ¿Qué es la vida en tal situación de internación? ¿Qué significó para los hombres que ni siquiera son alfabetizados? El sentimiento de la propia ignorancia no surgió en mí como realidad. ¡Vivir significa saber! Fiel a la verdad de este principio, en el tiempo de ocio en el Hospital, me dediqué con ahinco a cultivar el saber mediante la lectura. La lucha entre la locura y la razón, quizás sea despareja si la inteligencia es el principio rector, pero si el ignaro instinto del hombre prevalece, la locura violentará su humano ser, convirtiéndolo en un despojo, cuyo remedio es aún desconocido a los sabios. Si algo he comprendido del pensamiento libresco, creo que a mí mismo ha sido: no puede el ojo ufanarse de ver bien a lo lejos, si no saca la viga del mismo. ¿Cómo puedes comprender el Todo, si lo Uno y lo Único que eres no recibe explicación de sí mismo? ¿Debo comprender que fracasé? Respondería que no. Pienso que la transformación del hombre en un ser más humano, concierne a circunstancias en las cuales, el sufrimiento concibe la perfección de cierta humanidad en el ser. Llegar a ser humano es la meta más valiosa del hombre. La locura no puede trastocarlo todo, no puede doblegar lo humano, pues lo humano es en sí mismo perenne, aquí y en todo lugar. La realidad de la persona es tan crucial en la lucha contra la locura, que no debe menoscabar su plenitud, satisfaciendo sus instintos tal como las fieras. En todo este conflicto interior, ha quedado vencido un antiguo enemigo del hombre: la ignorancia. En realidad, triunfa el hombre que así lo cree, y aconseja a todos a vencerla. Quizás la meta de la humanidad futura entrañe tal situación, entonces el hombre hará con el mundo lo que desde la perspectiva de su cerebro crea más conveniente. La vida sigue mas allá de los hospitales y la locura. Sin embargo, la razón del Todo hay que hallarla en el interior del ser. El hombre que es la razón manifestada en su existencia, concede a la misma la verdad de su sentido. Dicho en otros términos: Por qué he vivido yo? La razón de mi existencia ha sido la luz que todo lo ilumina, que todo lo ve, al igual que el sonido que todo lo oye, esa luz ha sido la Verdad, a quien yo he querido ver y oír. Se interpretó como locura. Creo, que en realidad, lo mío ha sido únicamente contra la ignorancia. Introducción Filosófica La obra que se ofrece contiene una serie de cuentos, en los cuales, el referente y el sentido de la narración, constituyen relatos históricos de contenido imaginario y fantástico, y de esencia filosófica, ante lo cual, pretendo que se extraigan enseñanzas valiosas. Quisiera, aunque parezca obvio, recalcar lo histórico-imaginario de la obra, es decir, que los cuentos conciernen al reino de la fantasía inspirados por la virtud del talento, que concibe sus creaciones midiendo el valor de lo artístico. Sin embargo, a pesar de tanto mundo imaginado, quiero aquí expresar mi pensamiento sobre la ciencia de la historia, en un sentido filosófico real, aunque quizás, la palabra "real", no concuerde sino como contradicción cuando de la cultura se trata. La Historia es una ciencia superior en el orden intelectual. Compite con la Filosofía, en relación a su superioridad. Ello es así por una evidente razón: en sí misma la Historia contiene la Cronología de los sucesos del pasado humano, o sea, el caudal empírico de las enseñanzas positivas de lo pretérito: sus orígenes, la evolución en el tiempo, sus causas y circunstancias. Por ello, desde antiguo, la Historia ha sido definida como la ciencia maestra de la Vida. De ella, la persona aprende realmente lo sucedido en distintos tiempos, en los cuales la civilización descolló. Aprende de la naturaleza de los errores históricos, en épocas de barbarie, y de los aciertos, cuando el hombre evolucionaba positivamente en diferentes órdenes y sentidos. Es verdad que más allá, remotamente, existieron civilizaciones y culturas. Hubo orígenes misteriosos, se ha dado culto a dioses desconocidos actualmente, fueron libradas batallas sangrientas, y se sucedieron dinastías entre los reinados monárquicos. La organización social pasada se manifestó de distinto modo, y el poder de inventiva del hombre, desde su perspectiva histórica, sufrió como todo, una ascendente evolución hacia formas más sabias. ¿Cómo es posible ignorar lo histórico? La humanidad debe aprender de su propia experiencia en el transcurso del tiempo, pues el tiempo tiene la virtud de cristalizar todas las leyes de la evolución relativa. De otro modo nos ocurriría como al sujeto que sufre de amnesia y no recuerda nada de su anterior sí mismo, que es como sentir que nada sabe. El estudio de la Historia nos revela nuestra ubicación en el presente, nos sitúa como el producto de ser los herederos del pasado, que en la variación de sus circunstancias, impulsó el caudal vívido de lo real, en el límite del tiempo presente. Actualmente y siempre, el ser humano nace a la vida desde el seno materno. Poco a poco, crece y se desarrolla. Llega a cierta edad cronológica en que tiene plena posesión de sus facultades, y es allí cuando se sitúa ante él, la realidad del mundo: ¿Creerá el hombre en su ignorancia que el mundo siempre fue así? Su experiencia de vida intrauterina no daría cabida a ninguna inteligencia sobre el devenir de los sucesos y la razón de las cosas. El hombre, ya adulto, se lanzará a luchar con su acción para modificar las circunstancias de su situación social en el estado. Trabajará, formará una familia, se divertirá, intentará forjarse un brillante porvenir: para vivir, ello basta y es suficiente. Empero, la persona humana que tiene ambiciones culturales, buscará encontrar la sabiduría en las explicaciones de los hechos, porque nunca se sentirá conforme con la mediocridad. Esa sabiduría, principalmente y en parte, está contenida en la ciencia de la Historia, cuyo estudia revela el sentido del ser en razón del tiempo, dando por lo tanto, cierta identidad temporal a los hechos y sus causas: allí donde se originaron, allí donde transcurrieron con sus vicisitudes específicas, desembocando con toda su fuerza lógica en lo actual. La labor cultural que resta, le corresponde a la Filosofía, como ciencia rectora en todo saber, en aras de su significación y esclarecimiento. Los hechos empíricos son iluminados por la razón filosófica en torno a su sentido: la Historia siempre, ayer y hoy, detenta como causa final la proyección del progreso del hombre, superpuesto aún a sus lamentables retrocesos, progreso que, ante el cual, el futuro de la humanidad va ascendiendo sobre los valores de cierta escala axiológica, cuya meta es concebida como la perfección. Frases Celebres
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