EL CISNE CANTA ANTES DE MORIR

Por Leonardo

El Laboratorio del Centro de la Tierra

En un país muy antiguo sucedieron los siguientes hechos que les relataré a continuación. Ese país, cuyo nombre era Sardis, estaba situado geográficamente en el desaparecido continente de la Atlántida. Al sur de ella, se situaba un territorio formado por fértiles llanuras, surcadas por algunos ríos y bordeadas por cadenas montañosas. La capital era Menfis y los habitantes se llamaban los atlantes. Eran hombres cuya fisonomía se asemejaba a los egipcios. Los atlantes de Sardis habían fundado milenios atrás, una civilización suficientemente avanzada, agrícola, ganadera e industrial. En Sardis, el gobierno era monárquico, se basaba en la figura del Rey, quien vivía con la Reina y la Nobleza, en un lujoso palacio amurallado, en la capital del reino, o sea, en Menfis.

Cuenta la leyenda, que en una de las dinastías más reales de Sardis, el trono fue ocupado por un soberano llamado Temístocles. Este rey fue un dignatario que fomentó el progreso y la riqueza de su nación. También fomentó el desarrollo de las ciencias y las artes, y protegió a sabios y artistas.

Dice la historia que había llegado a oídos del Rey, que en los confines de su reino, había nacido y existía un niño filósofo, cuya edad era de doce años. Este niño era famoso en aquellas comarcas por causa de su brillante inteligencia. Entonces, el Rey Temístocles se interesó en conocerlo personalmente.

Unos días después, muy temprano, fue llevado el niño filósofo a una audiencia real. Luego de que el Rey lo conociera, sucedió el siguiente diálogo que seguidamente les relataré:

-¿Sabes que yo soy el Rey de Sardis?

- Sí - respondió el niño

- Me he enterado que eres un niño filósofo...

- Así es, yo soy el filósofo.

- Entonces... Qué quisieras que el Rey te conceda? - interrogó el monarca.

- Solamente que me pagues los estudios.

La crónica histórica testimonia posteriormente que el Rey Temístocles becó y protegió al niño, para que realice sus estudios en las mejores escuelas y universidades del reino de Sardis. La única condición que impuso el Rey fue que al concluir cada año de estudios, le compruebe la aprobación y eximición de los mismos.

Como la vida y el reinado del Rey Temístocles fueron largos, sucedió que, después de hecho el trato, pasó el primer año de estudios y el filósofo aprobó. Pasó el segundo y el tercero, y el niño volvió a aprobar. Así pasaron siete años más. Y pasaron diez, veinte, veinticuatro, treinta, y por fin... cuarenta y cuatro años de estudios aprobados por el niño filósofo.

Cuenta la leyenda, que después de tanto tiempo de brindarle protección, el Rey quiso verlo y lo citó a una audiencia real. Una mañana, muy temprano, el filósofo llegó al palacio. El Rey habló:

- Has estudiado durante casi medio siglo. ¿Qué tienes ahora?

- Tengo la Verdad - contestó serenamente el filósofo.

Y así, sin más, concluyó la audiencia con el Rey.

...

Relata la leyenda, que con posterioridad, el reino de Sardis entró en guerra con reinados limítrofes. Se realizaron varias batallas, sin definición para uno u otro bando. Empero, Temístocles recibió de sus mensajeros, la noticia de que una alianza de Estados iba a invadir su reino. Desesperado, el Rey no supo qué hacer para evitar este peligro. Un día, se acordó del filósofo Séneca y creyó conveniente pedirle consejo. Entonces, mandó a sus vasallos a buscarlo.

Los hombres del Rey fueron informados de que Séneca estaba en el sur de Sardis y vivía en un laboratorio, al cual se llegaba penetrando por un túnel al pie de la montaña. Por el lugar en donde se encontraba, Séneca lo había llamado el laboratorio del centro de la tierra.

Llegaron los hombres al túnel, comenzaron a caminar por sus galerías hasta llegar a una puerta de acero. Llamaron, y al abrir la puerta, vieron un recinto iluminado potentemente, con mesas llenas de tubos de ensayo, instrumentos científicos y aparatos electrónicos. Entonces, invitaron a Séneca a concurrir a la audiencia con el Rey.

Llegaron en carruaje al palacio real y se concretó la audiencia:

- Séneca, hace muchos años que estudias y me has dicho que tienes la Verdad. ¿Qué significa tener la Verdad?

- Es tener un laboratorio - respondió el filósofo- Tengo el laboratorio del centro de la tierra, más allá, al sur de las montañas del reino de Sardis.

- Séneca, peligra mi reino. Pronto será invadido por otros reinos y temo que mi ejército será derrotado. Por eso es que busco tu consejo. ¿Qué debo hacer?

Entonces el filósofo respondió:

- En mi laboratorio tengo un elixir que dado a beber a tus guerreros, los convertirá en gigantes. Crecerán de tamaño físico y adquirirán una fuerza sobrehumana que los hará vencedores en la batalla.

Entonces Séneca y los vasallos del Rey, volvieron al laboratorio. Allí, el filósofo preparó el elixir en los correspondientes tubos de ensayo, y una vez listo, se lo dieron a beber a los guerreros. Tal como vaticinó el filósofo, los hombres se convirtieron en gigantes. Fue así que cuando se produjo la invasión, los guerreros de Temístocles vencieron fácilmente a los enemigos.

Muy contento, el Rey quiso tener una última audiencia con Séneca. Lo mandó a llamar con sus mensajeros y muy temprano, a la mañana siguiente, el filósofo se presentó ante el Rey, quien dijo:

- ¿Séneca, qué piensas de mí?

- Tú me has protegido, siempre lo hiciste con sabios y artistas. Has pagado mis estudios durante toda mi vida. Tu reino estaba a punto de caer. Mi ciencia te ha salvado. Así he podido pagarte.