EL CISNE CANTA ANTES DE MORIR
Por Leonardo
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Sófocles, el Inmortal Antes de la era cristiana, en el estado griego, existía un hombre llamado Sófocles. Este fue muy feliz mientras duró la etapa de su juventud. Si bien vivía solo, llevaba una existencia ordenada, tranquila y apacible. Como fue un próspero comerciante, que tenía sus negocios de compra y venta de oro y metales preciosos en Atenas, había conseguido formar una importante fortuna personal. Así fue su vida común de ciudadano griego. El tiempo fue pasando, se sucedieron los años, uno tras otro, y Sófocles, con el transcurso del tiempo, envejeció. Al verse viejo, creyó que iba a morir muy pronto. Se entristeció y se desesperó, pues lo atormentaba el espectro de su muerte, que enloquecía sus pensamientos. Por aquellos tiempos, existía en Grecia un famosos adivino y alquimista, que era consultado con frecuencia por poderosas familias griegas, para resolver casos misteriosos que requerían sus dones adivinatorios. Fue por esto que Sófocles creyó conveniente consultar en secreto al adivino, cuyo nombre era Nostradamus. Una noche muy oscura fue a verle y le planteó su inquietante problema. Ante el oído atento del adivino, se entabló el siguiente diálogo: - Soy Sófocles, un hombre muy rico, pero siento que he envejecido y creo que pronto moriré. ¿Qué puedo hacer? ¡Oh, gran Nostradamus! - Yo sé qué debéis hacer. Os daré a beber un elixir de la vida, un brebaje con poderes mágicos, que transforma en inmortales a los hombres. De este modo, nunca moriréis. Al otro día, Sófocles recibió el elixir de la vida. Lo bebió y sintió en su cuerpo y en su mente, la irrupción de cierta energía extraordinaria. Al ver esto, pagó al adivino una gran cantidad de oro. El brebaje que conocían los alquimistas antiguos, también llamado la piedra filosofal de la juventud, lo había convertido en inmortal. Pasaban los años y pasaban las décadas, y Sófocles continuaba existiendo. Indetenible, el tiempo transcurrió hasta que llegó la séptima generación en la vida de Sófocles, el inmortal. Una noche, se encontraba en su residencia, leyendo un diario con fecha 7 de julio de 1991. Estaba solo en el escritorio del piso superior de la casa, mientras se desataba una terrible tormenta de lluvia y viento. De repente, sintió que llamaban fuertemente a la puerta. Bajó y fue a atender el llamado. Al abrir la puerta se encontró con un hombre vestido de negro, con capa, galera y bastón. - ¿A quién busca, señor? - ¿Es usted Sófocles? - Sí, yo soy... - Tengo esta carta para usted. Es de la pompa fúnebre. Tómela pero antes fírmeme acá - expresó el misterioso hombre. Sófocles firmó y le entregaron un sobre cerrado y lacrado. Seguidamente, subió a su escritorio y en medio de la soledad del recinto y ante el ruido de los truenos y el resplandor de los relámpagos, abrió la carta:
Al leer el texto y tratar de comprender el significado del mismo, Sófocles se puso pálido. Miró el calendario y era precisamente el 7 de julio de 1991. Verificó la hora en su antiguo reloj de péndulo y faltaban cinco minutos para que den las doce. Aterrorizado, esperó los cinco minutos restantes. Después, el reloj marcó las doce horas. En ese preciso instante, Sófocles murió a causa de un paro cardíaco. El Demonio lo había hecho morir. Existe
una verdad inmortal para vivir
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