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Un relato muy antiguo, escrito en China
por el pensador Barbarroja, nos dice que hace muchos años, en la historia del mundo,
ocurrió que todos los hombres entusiasmados, se reunieron en asamblea general.
El fin fue establecer el precio en oro, de cada una y todas las cosas existentes dignas de
tener valor.
Pensaban que, de este modo, podrían sin ninguna dificultad, comprar y vender lo que
quisieran, y así ser felices.
Nombraron un representante. Era un señor serio, que representaba al Oro.
Con eficiencia se encargaría, rigurosamente, de evaluar todas y cada una de las cosas que
hay en el mundo, estimando así su valor en oro.
Sigue diciendo el relato que el representante del oro, recorrió todos los lugares del
mundo y encontró miles de cosas útiles y de valor. Estimó a los grandes palacios y
fijó por ellos un alto precio. También halló cosas que consideró de escaso valor, como
el agua, con muy bajo precio. |
En su búsqueda encontró cosas caras como los carruajes, y cosas de menor costo, como las
porcelanas, y cosas como los harapos, que ni valor tenían, y por eso no les prestó mayor
atención.
En conclusión, el Oro se dio cuenta que en realidad podía comprarlo todo, pues nada
resistía a su poder.
Tan grande fue este, que también compró la Caridad, por unos pocos centavos. Y buscando,
también halló la Libertad, comprándola a un precio superior.
El pensador Barbarroja, afirma en su antiguo relato, que así fue primitiva y
originariamente la organización esencial del mundo, que perduró a través de los siglos.
Empero, Barbarroja agrega que el Oro, maliciosamente pensó para sus adentros: " Yo,
el Oro, soy tan poderoso, que nada ni nadie se resiste a mi poder...". Y , enseguida,
se hizo esta pregunta: "Por qué no comprar la Verdad y el Amor? Son muy
valiosos".
Comprendió que su ley estaba en el precio. Sólo le faltaba comprar la Verdad y el Amor,
ya que lo demás había podido comprarlo.
Entonces, el Oro fue en principio a buscar a la Verdad. La halló humilde pero majestuosa,
con aires y luces sobrenaturales. Al verla así, se deslumbró y le dijo:
- Soy el Oro y deseo comprarte... Oh, profunda y sabia Verdad! Cuánto estimas que vales?
La Verdad respondió:
- Nada, porque no pienso venderme al Oro.
- Maldición! Cómo te atreves a resistir a mi omnímodo poder! Mira, si aceptas te daré
siete veces más de lo que tú crees que vales. Qué me respondes?
- Ni siete, ni setenta ni setecientos. No hay ningún trato - afirmó resueltamente.
Humillado, el Oro, perdió su soberanía ante la majestuosa Verdad, y con humildad le
pidió consejo:
- Qué crees que podré comprar? Oh, perfecta Verdad!
- Podrás comprar la Mentira. Ella sí tiene precio.
El Oro, entonces compró la Mentira. Pero la Mentira le mintió.
Sin darse por vencido, el Oro volvió a pensar con malicia: "Si no pude comprar la
Verdad, tal vez sí pueda comprar el Amor".
Buscó el amor en el mundo y cuando lo halló, había en lo alto de él un cielo de luna
llena poblado de estrellas brillantes. El Oro se deslumbró y dijo:
- Soy el Oro, soy poderoso y reino en este mundo vil y sombrío. Te necesito. Oh sublime y
buen Amor! Excelso Amor! Cuánto quieres de oro?
El Amor respondió:
- Nada quiero. No siento deseo del oro ni lo quiero, pero sí creo que tú puedes comprar
el Odio.
El Oro, entonces, fue en busca del Odio y lo compró. Pero el Odio lo odió.
El pensador Barbarroja concluye que luego de este origen, a través de los tiempos en la
historia del mundo, abundó el mal de la Mentira y del Odio, vendidos como todas las cosas
existentes, al Oro en el principio.
Pero el bien de la Verdad y el Amor, fueron sólo reservados a los sabios y a los
enamorados.
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